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Poemas de "Poèmes en Prose" (1915) de Pierre Reverdy PDF Imprimir E-Mail

Por FRANCISCO FALCATO

MÁS LEJOS QUE ALLÁ

En la ventana pequeña, bajo el tejado, mira. Y las líneas de mis ojos y las líneas de los suyos se cruzan. Tendré la ventaja de la altura, se dice a sí misma. Pero enfrente cierran las persianas y la atención incómoda se inmoviliza. Tengo la ventaja de tiendas que mirar. En fin, sería preciso subir o vale más bajar y, brazo con brazo, vámonos fuera donde nadie nos mire.

El VIENTO Y EL ESPÍRITU

Es una quimera extraordinaria. La cabeza, más alta que aquel piso, se ubica entre los dos alambres y se arrellana y se mantiene, nada se mueve.
La cabeza desconocida habla y no comprendo una palabra, no oigo ni un sonido – abajo contra tierra. Estoy siempre en la vereda de enfrente y miro; miro la palabras que el viento se lleva; las palabras que va a tirar más lejos. La cabeza habla y no oigo nada, el viento lo dispersa todo.
Oh gran viento burlón o lúgubre, he deseado tu muerte. Y pierdo mi sombrero que también tomaste. No tengo nada ya; pero dura mi odio ¡ay! Más que tú mismo.


ENVIDIA

Visión abigarrada y tenue en su cabeza, huyes de la mía. Posee los astros y los animales de la tierra, los campesinos y las mujeres para servirse de ellos. Lo ha mecido el Océano, a mí el mar, y fue él quien recibió todas las estampas. Roza ligeramente los despojos que encuentra, todo se ordena y siento mi cabeza pesada que aplasta los frágiles tallos.
Destino, si creíste, que podría partir, me hubieras dado alas.


SERES VAGOS


Una vergüenza demasiado grande ha erguido mi frente. Me despojé de aquellos embarazosos andrajos y espero.
Esperáis también pero no sé ya qué. Con tal de que algo pase. Todos los ojos salen a las ventanas, los celos de nuestros rivales retroceden al umbral de las puertas. Sin embargo, si nada fuera a suceder.
Ahora voy entre las dos veredas; estoy solo, con el viento que me acompaña burlándose de mí. Adónde huir sino en la noche.
Mas la mesa y la lámpara están ahí esperándome y todo lo demás ha muerto de rabia bajo la puerta.


EL AIRE ADOLORIDO

Hace tanto calor que el aire vibra y que todo ruido se vuelve ensordecedor. Jaurías de perros feroces ladran. Por las ventanas abiertas los gritos de las mujeres rivalizan con la fanfarria bárbara.
El frío pena para helar aquellas palabras. Si los pájaros se callaran, si las mujeres se callaran, si los perros estuvieran muertos... Un momento se calman los jardines y todo se duerme; pero pronto el terrible ruido vuelve a empezar. Son los clamores del sol y cada quien responde con exuberancia. Algunos seres mudos son perseguidos y no pueden protestar ni vengarse. El ruido soberano los oprime.
Entre los humos, por encima de los techos únicamente libres, hubiera hecho girar mi cabeza corno un cascabel sin semilla al cabo de una cuerda. ¡La velocidad acolchada hasta las nubes y permitir al riachuelo que murmure enteramente solo!
El cielo ha bajado, cerraron las ventanas y las bocas enmudecieron. Después de la caída de las hojas ni los pájaros se atreven ya a gorjear. Hace tanto frío.
El invierno es el silencio.


NOCTURNO

La calle enteramente a oscuras y la estación no ha dejado huella. Hubiera querido salir y retienen mi puerta. Sin embargo, allá arriba, alguien vela y la lámpara está apagada.
Mientras que los reverberos no son más que sombras, los anuncios continúan a lo largo de las palizadas. Escucha, no se oye el paso de ningún caballo. Sin embargo, un caballero gigantesco se precipita sobre una bailarina y todo se pierde girando, detrás de un terreno baldío. Sólo la noche conoce el lugar donde se reúnen. Cuando llegue la mañana revestirán sus colores resplandecientes. Ahora todo calla. El cielo parpadea y la luna se oculta entre las chimeneas. Los agentes de policía mudos y sin ver nada mantienen el orden.


BATALLA

En el pecho, el amor de una bandera descolorida por las lluvias. En mi cabeza, los tambores baten. Pero ¿de dónde viene el enemigo?
¿Si tu fe ha muerto, qué responder al mandato? Un amigo muere de entusiasmo detrás de sus cañones y su fatiga es más fuerte que todo.
Y en los campos bordeados de carreteras, en el rincón de los bosques que tienen otra forma porque en ellos hay hombres ocultos, se pasea, macabro como la muerte, a pesar de su vientre.
Las ruinas balancean sus cadáveres y las cabezas sin kepís.
¿Tú, soldado, cuándo terminarás este cuadro? ¿He soñado que estaba ahí todavía? De todos modos, hacía un pícaro oficio.
Cuando el sol, que tomé por un relámpago, lanzó su dardo sobre mi oreja sorda, apagué mi sed bajo los sauces verde y blanco, en un arroyo de agua rosa.
¡ Tenía tanta sed!


CARA A CARA

Se adelanta y la rigidez de su paso tímido traiciona su aplomo. Las miradas no abandonan sus pies. Todo lo que brilla en aquellos ojos, de donde brotan malos pensamientos, alumbra su caminar titubeante. Va a caerse.
En el fondo del salón una imagen conocida se yergue. Su mano tendida va hacia la suya. Ya no ve sino aquello; pero de pronto, tropieza contra sí mismo.


Comentarios
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jose migel  - mama del cote   |190.161.52.xxx |2009-08-03 12:07:30
a la mama del cote no la satisface el esposo pq noi se lke par--------
estibalis  - errante   |201.122.11.xxx |2008-10-10 15:54:11
no puedo creer que ninguna maldita pagiona abra
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