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ENTREVISTA: Rafael Cavada, un trotamundo con fiebre de primavera PDF Imprimir E-Mail

Por CAROLINA MOSSO

Tras haber terminado las grabaciones de La Liga y Prat (dos proyectos intensos, según él mismo describe), el periodista y corresponsal de guerra hizo una pausa, y conversó con Plagio de sus millares de viajes; tanto de los inmóviles como los en movimiento.

 Cavada mira a los ojos y se olvida de su café irlandés. Se pone a hablar de las estrellas en Bagdad, los olores en las calles de Londres, el viento que lo chasconeaba en su viaje en moto hasta Uruguay, y se pierde. Viaja de nuevo a través de sus viajes, y se olvida que esta tarde de viernes está en Santiago, es agosto, hace algo de frío, y las estrellas no brillan como en Irak.

Cavada asegura que no escribe ni saca fotos en sus viajes, pero que es capaz de evocar cada uno de ellos con un pequeñísimo recuerdo. Dice que nació nómade. De madre uruguaya y padre chileno, el periodista dice haber sabido descubrir la magia de la libertad de cada viaje, de una suerte de destierro que, a su vez tampoco es tal, explica, porque reconoce que sus afectos están en este angosto y largo país y no en alguna aromática feria del oriente.

Con más de 35 cambios de casa en el cuerpo, Rafael Cavada señala que es nada más que “la historia de su vida”. “Ha llegado a ser muy estimulante. Creo que la lectura ha despertado también el hambre y el interés por conocer cosas diferentes... por llegar y ver algo que nunca viste, que no imaginabas... o imaginabas y era diferente”, explica.

Le pregunto cuántos países ha visitado y dice que hace tiempo no saca la cuenta, pero ciertamente son más de 20. “Y de ellos por lo menos el 50% eran países en conflicto”, medita. “Es tremendamente frustrante pasar por Jordania seis veces y no conocer Petra... por suerte que en Israel me pude tomar unos días y visitar la ciudad vieja de Jerusalem. En Irak me habría encantado ir a Babilonia pero no pude... en Tailandia estuve al lado de Camboya, y no pude ni siquiera bucear”, cuenta con un dejo de nostalgia.

“Esencialmente un viaje es algo que te permite ampliar tus criterios. Relacionarte con gente que hace cosas, come cosas, de una manera totalmente diferente a la tuya, y que te quita los miedos... los prejuicios. Es una manera de expandir el cerebro”.

Pero cuando llegas de estos viajes, ¿no te da una suerte de nostalgia? Porque a veces cuando se viaja se extraña Chile, pero también es cierto que al regresar te das cuenta que hay algo de ti que quedó en ese viaje...

Sí, es cierto.  Hay una canción de La Renga que dice “el final es cuando partís”.  Yo creo que las primeras veces me pasó, pero la nostalgia del viaje: de estar en otros lugares, ver cosas diferentes, que quedan muy pegadas... pero después empecé a apreciar mi barrio. Entre uno más lo conoce, más lo quiere; más quiere al entorno, a la gente. El viaje o lo desconocido puede ampliarte el cerebro, pero tu barrio es el que te amplía los sentimientos. Todas esas emociones se concentran en un apego más allá al lugar al que sientes que perteneces.

¿Alguna vez sentiste tus viajes como una suerte de evasión: porque querías alejarte de cosas, distraerte, perderte...?

Yo viajo a lo menos una vez al año, preferentemente Uruguay. Es un lugar muy lindo, muy calmado, donde tengo mucho arraigo.

¿Tienes familia allá?

Mi hermana y mi sobrino.  Y cuando voy  aprovecho de ir a lugares que no conozco.
En momentos donde me he sentido realmente agobiado, me ido el viernes por la noche y he regresado el domingo a mediodía. Cuado la cotidianidad se hace difícil de llevar, me voy.

Huckleberry Finn y Tom Sawyer lo llamaban “fiebre de primavera”, y te puede dar en agosto, o en junio, pero es lo mismo: la sensación de tener que ir a un lugar donde no conoces a nadie, hacer cosas que no hiciste antes, y no ver por al menos un tiempo lo que ves todos los días.

Me decías que una de tus mayores inspiraciones para viajar son los libros. ¿Crees que eso en la sociedad ha cambiado? Hay avisos por la tele, puedes buscar un destino por internet... ¿sientes que la forma de relacionarse con el mundo es distinta y ya no se une tanto a la literatura como antes?

Sí, pero en ese mercado, el 90% viaja a un hotel con reserva de autos y, no lo estoy criticando, porque lo he hecho y lo encuentro genial, lo que ocurre es que a veces pienso que esos viajes son muy programados y atentan contra otra característica del viaje, que es lo desconocido y lo imprevisible. Llegar a un lugar y meterte por una carretera que no conoces y buscar algo que viste en un mapa, el dato de un amigo... esas cosas no se encuentran en los folletos de viaje, es algo que requiere un poquitito más de amor, y a mí me gusta ese tipo de viajes. No los hago tanto como quisiera, porque requieren un poco más de tiempo, pero llegar a una ciudad que no conoces y salir del hotel a caminarla,30, 50 cuadras, te da un pulso, una imagen que ningún guía turístico te puede dar.

¿Y de qué forma han cambiado tus viajes? ¿Te ha pasado que ahora privilegias más la comodidad a tus primeras aventuras? ¿Has visto una evolución en tus viajes?

Sí, en los últimos por lo menos ( generalmente por trabajo) trato de dejarme una tarde, una noche libre al final, que me de la oportunidad de tener cinco horas para caminar la ciudad. Eso te da al menos la posibilidad de quizás no conocer muchos lugares, pero conocer unos pocos muy bien. Si hoy voy a Jerusalem me las arreglo para llegar al muro entrando por la puerta de David, sin demasiados problemas.
ES importante caminar, sentir el olor, los mercados de las ciudades. En Oriente al menos son un espectáculo: desde puntas de flecha históricas hasta pistachos a granel. Hay que tomarse el tiempo, pero para conocer en profundidad.

¿Y cuál ha sido el viaje más loco que has hecho?

Tengo varios. Una vez fui a Uruguay y me lo recorrí desde la frontera con Brasil, la frontera con Argentina hasta el medio de Uruguay en auto. Pero el viaje más loco, más loco que he hecho, fue desde Santiago a la frontera con Brasil y Uruguay en moto. Solo.

A lo “Diarios de motocicleta”...

Tres días de ida y tres de vuelta. Increíble. Sin otra moto, sin otro acompañante; parando donde se me antojaba, durmiendo en pequeños pueblos, comiendo en restoranes o en esas bombas de bencina que parecen detenidas en el tiempo... Y se me quedó en panne la moto, y tuve que dormir a la intemperie porque se me había acabado la luz y no la podía arreglar... bajé la cordillera de noche.... lejos uno de los viajes más locos que he hecho.
Y profesionalmente, el viaje al Líbano. Cruzar la frontera en un día, viajar a Tel aviv, tomar un avión hasta Jordania, dormir ahí y cruzar en auto toda Siria y entrar al Líbano... y después devolverse todo bajo bombardeos... pasar una noche en Beirut. Agotador pero encantador también.

¿Y sientes la misma adrenalina que en tus primeros viajes, o ya te vas acostumbrando?

Apendrís a manejarte con ciertos códigos. La primera vez que estuve en una ciudad donde no hablaba la lengua y no entendía nada, andaba con el corazón en la garganta. Lo único que pensaba era: ¿cómo voy a hacer una nota si aquí nadie habla español ni inglés? Hoy día de alguna manera me las arreglo. Y como yo generalmente viajo a zonas conflictivas la adrenalina no va sólo en el viaje, sino también en el lugar. Pero la sensación de que todo es nuevo, de que es necesario desplegar todas tus antenas porque lo que vas a ver no lo verás en otro lugar, es fascinante... te hace sentirte niño de nuevo. ES una sensación siempre estimulante, excitante... y cuando vuelves, añoras esa sensación.

¿Cuál de tus viajes crees que es el que más te ha marcado, en el sentido de ver en un cambio en ti, un antes y un después?

El de la moto.

Porque viajaste solo...

Sí. Porque fue cumplir un sueño de chico. Quería sentir el viento, los olores... ver cómo va mutando el paisaje del paso Los Libertadores a Mendoza, de Mendoza a San Luis... comerse en el camino una medialuna con un cortado y seguir... ver campos de girasoles, de soya... y seguir avanzando hasta el Río de la Plata, donde el olor cambia completamente, un olor medio dulzón... “el dulce olor a la podredumbre”, leí alguna vez.

Ese viaje me marcó porque me dije “a partir de hoy he cumplido un sueño que representa muchos otros sueños y puedo vivir la vida sin tanto lastre”, sin la sensación de que me faltaron cosas por hacer, y que me preocupo por lo que elijo preocuparme: por lo que voy a comer, por qué haré mañana, por encontrar un río para bañarme... y no por el pago de la patente o los gastos comunes, o por el amigo al que prometiste ir a verlo hace dos semanas y no has ido...
Viajar te abre la mente, te hace renacer a la curiosidad.

¿Y qué pasa cuando regresas a un lugar al que ya has ido, sientes esa misma curiosidad o se desvanece en la primera visita a alguna parte?

No, porque te dan ganas de descubrir qué ha cambiado, qué ha pasado mientras tú no estabas. Y es mucho, y produce una serie de nostalgia, a ver que la vida siguió ahí sin ti... que no existen lugares inmutables en el tiempo.  Por ejemplo cuando pavimentan un camino con hoyos... la gente los odia, pero a mí me encantan. Los caminos con hoyos, después de la lluvia reflejan las estrellas, y caminarlo te produce la sensación de estar mirando el cielo en el cielo...

¿Escribes en tus viajes, tomas fotos? ¿Cuál es tu acceso a esos recuerdos?

No, nada de eso. Pienso que la imagen muestra menos de lo que oculta, y en las fotos se pierde toda la magia del momento.  Siempre cuando vez la foto tienes la sensación de que le falta mucho, y que es sólo un pequeño detalle de algo inmensamente grande. Lo que sí hago es traerme cosas, monedas, alguna escultura chica, piedras... mi vida está hecha de pequeños retazos de cosas lindas, y son lindas porque no son figurativas, y me recuerdan cada uno de esos detalles de cada viaje, de cada momento...

Cuando hablas de tus viajes parece que añoras bastante ir a uno nuevo ¿crees que te has hecho adicto a los viajes, y que sufres de un síndrome de abstinencia cuando estás mucho tiempo en Chile?

Sí. El que ha viajado (y esto puede sonar cruel porque hay gente que ha viajado muy poco) sabe que recorrer, conocer, te da una sensación adictiva; algo que despierta la curiosidad y  te hace querer más. Es una sensación que se hace necesaria, que te dan ganas de experimentarla cada vez más... También es una forma de sentirte vivo, y de saber que en realidad no eres de ninguna parte.


Carolina Mosso
Acerca del Autor:

CAROLINA MOSSO
Carolina Mosso (25 años) es periodista de la Universidad Católica. Estudió Bachillerato en Cs. Sociales y Humanidades y realizó también un Minor en Filosofía en la misma casa de estudios. Actualmente trabaja en Un Techo para Chile y colabora con distintos medios de comunicación escritos, entre ellos Plagio, donde ya lleva dos años.

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Comentarios
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Andrea  - DE TODO UN POCO   |201.236.136.xxx |2009-03-04 10:59:08
No me gustó mucho la entrevista, pienso que pudo haber hecho preguntas más
agudas... (pareja, sexo, rock and roll en fin....) la encontré demasiado
conservadora.
En cuanto a Rafa Cavada, no tengo nada que decir, lo encuentro un
tipo muy sensual y directo y siempre me lo topo en recitales.
Claudio  - Oda al Rafa   |190.20.70.xxx |2009-02-19 12:19:05
Aprende a escribir, mejor dedícate a las RRPP; El rafa es todo un personaje que
se merece algo mejor.
sebastian valdivieso  - ingeniero civil quimico   |190.54.48.xxx |2008-12-09 14:56:04
MALO , TODO MALO DESDE EL ENTREVISTADO HASTA LA ENTREVISTADORA
FOMES Y MATONES
Sole, Anto, Jeremias, Rafa, Gi  - periodistas y rrpp   |190.54.48.xxx |2008-12-09 14:49:31
Para ser franca encuentro a Cavada un tipo malo, frio, fome, falso, hasta su
risa es horrible.
Una vez alguien lo quizo conocer de verdad, y el fue brusco
sin siquiera darle el beneficio a la persona que queria hablarle el que se diera
cuenta que el no vale la pena para ella.
Mala tu entrevista niña, lo siento y
lo sentimos
ANDREA SOTOMAYOR  - periodista   |190.54.48.xxx |2008-12-09 14:42:42
La entrevista horrible, sin tema, es como un cuento donde el Rafael Cavada habla
cosas ridiculas, el tipo es un farsante y la periodista para que le sirve tanto
titulo si es mala, en la cancha se ven los gallos y el Cavada ni entrevistar
sirve, Mackenna lo hace mejor que el en la liga y eso que el tipo es poeta,
Cavada sin pauta no es nada
marisol  - relacionador publico y fotografa   |190.54.48.xxx |2008-12-09 14:32:57
La entrevista no cambia nada las preguntas, repetidas, e incluso Rafa te deja
ver en una parte que el no toma fotos ni escribe, no seguiste el hilo ahi de la
nota y luego mas abajo le preguntas eso, por favor, es como un dialogo
monologo.
Rafa es grande , se merece sacarle mas el jugo en una entrevista
kathy   |201.214.100.xxx |2008-10-11 09:25:01
La verdad me encánta Rafael Cavada, me parese el hombre más inteligénte varoníl
y caballero de este país. Con respecto a la entrevista; está super buena
completícima con cada detaye de todos sus viajes y la foto aún MEJOR... UN MUY
BUEN APORTE.
pato Viña del Mar   |201.215.111.xxx |2008-08-30 17:39:15
Cavada siempre me ha parecido un tipo con un ego mas grande que los viajes que
ha hecho, una vez dijo algo como: "me siento el tipo mas bacán del
mundo", pero cuando hechó su humanidad sobre un taxista se retartó de cuerpo
entero, un narcisista, patrón del mundo.
Ana  - Dueña de casa (r)   |200.27.156.xxx |2008-08-26 08:32:53
Muy linda entrevista.
Nada más.
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