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AntiTurismo PDF Imprimir E-Mail

Por ANTONIA CAMPOS

 El turismo experimental sugiere recorrer ciudades en orden alfabético, transitar por una capital según lo que indique un juego de Monopolio o pasear con los ojos vendados y conocer un lugar por sus olores y ruidos.

 Habría que imaginar la siguiente escena: un santiaguino empaca su maleta –calzoncillos limpios, crema de afeitar, cámara digital– y parte al aeropuerto. Una vez allí, disfruta leyendo diarios en los asientos mullidos, visita distintas salas de espera, prueba los secadores de manos de cada baño, come sándwiches en los ¿5? ¿6? restoranes que hay, mantiene un registro mental de las personas que entran a Inmigraciones, y observa con interés el panel luminoso que indica las salidas internacionales. Atlanta, Berlín, Caracas. Cuando han transcurrido 48 horas de todo esto, hace dedo de vuelta a su departamento en el centro.

En otra oportunidad, el mismo santiaguino deja su departamento. Anda a pie. Sale a su calle y camina hacia la derecha. Cuando llega a la esquina, dobla a la izquierda. Cuando llega a la próxima esquina, dobla a la derecha. Luego doblará a la izquierda. Luego nuevamente a la derecha. Y seguirá así hasta encontrarse con una calle sin salida o con el Mapocho o descubra que ha atravesado Santiago y se encuentra en campo abierto.

 No estaríamos frente a un perturbado mental, o quizás sí, pero las actividades del santiaguino tendrían una explicación. Está haciendo turismo experimental. Debe haber tropezado con esta idea en internet, quizás con el nombre del creador de esta escuela: un periodista francés llamado Joël Henry. Henry tiene 53 años. En junio de 1990 todavía era un tipo normal y se encontraba almorzando con dos amigos, bromeando acerca de las inminentes vacaciones de verano y del rol de turista que, como siempre, tendrían que adoptar. Amantes de los juegos, empezaron a imaginar variaciones de las clásicas actividades con que las agencias de turismo castigan a sus clientes. Ésa fue la génesis de Latourex (abreviación francesa para Laboratorio de Turismo Experimental, www.latourex.org), una suerte de reglamento dadaísta para viajar, un cruce entre viaje y juego con unas 40 variantes.


 Algunas:
•    Turismo A-Z: se elige una ciudad para visitar y en un plano se busca la primera calle que empieza con A, y la última que empieza con Z. Se dibuja una línea recta entre ambas y se camina siguiendo ese recorrido.
•    Odisea burocrática: se hace un tour de lugares administrativos como salas de espera, oficinas de servicios, municipios, comisarías. La idea es aprovechar los atractivos típicos de cada uno: fotocopiadoras, revistas viejas, máquinas vendedoras, casino, etc.
•    Contraturismo: se viaja con una cámara de fotos. Cuando se llega a un monumento o hito turístico se le da la espalda y se fotografía lo que está justo enfrente.
•    Eroturismo: se elige algún lugar desconocido para pasar un fin de semana con la pareja. La gracia: se viaja a destino por separado, sin concertar un punto de encuentro. Y se recorre la ciudad buscando al ser amado.
•    Turismo estilo Monopolio: método de exploración que consiste en descubrir una capital según el tablero de Monopolio correspondiente a la ciudad. Hay que jugar con reglas y todo, y visitar las calles indicadas por los dados, estaciones de trenes, la cárcel, etc.
•    Micro turismo al azar: hay que reunir un grupo de amigos un sábado por la mañana, poner todas las llaves de las casas respectivas en sobres sin nombre, mezclar los sobres y repartirlos al azar. Luego cada uno pasa el fin de semana en la casa que le tocó, cumpliendo todos los compromisos y panoramas que su dueño tenía agendados.

 Henry practica turismo experimental tres o cuatro veces al año. La experiencia que más lo marcó: conocer Luxemburgo con los ojos vendados. Durante 24 horas, su mujer Maïa (fiel acompañante) lo guió por la ciudad. Henry se armó una imagen según los olores, los ruidos, y lo que Maïa iba describiendo. “Ceciturismo”, se llama. Nunca ha querido volver a Luxemburgo con los ojos abiertos.

El francés también se toma vacaciones normales. Pero a veces, durante sus vacaciones normales, igual le dedica un par de horas o un día al turismo experimental. Él dice que no es una crítica al turismo tradicional o una lección rígida de cómo se debiera viajar: es una invitación a probar algo diferente.
 


Antonia Campos
Acerca del Autor:

ANTONIA CAMPOS
Antonia Campos es periodista de la Universidad Católica. Actualmente trabaja colaborando para distintos medios.

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