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Orgía y Militancia PDF Imprimir E-Mail

Por GONZALO LEÓN

Catulo definía las orgías como aquellas fiestas que se realizaban bajo la protección de la noche. Para él uno podía hacer las mismas cosas de día, pero tales cosas no las consideraba orgías, sino simplemente fiestas.

 

 Debo confesar que jamás he participado de una orgía ni como lo define el poeta romano ni como lo define la Real Academia Española (“festín en el que se come y bebe sin moderación y se cometen otros excesos”). Aunque si me apuran, hace veinte años en la sede del comando por la precandidatura presidencial de Gabriel Valdés estuve cerca. Allí, bajo la complicidad de la noche, tres democratacristianos –dos hombres y una mujer– jugábamos inocentemente carioca, hasta que a uno, no sé si fue el otro DC o la estudiante de Párvulos, propuso que apostáramos algo, que así sería más entretenida la cuestión. Como no teníamos plata, éramos militantes pobres, decidimos apostar ropa. De este modo, quedamos desnudos y, desconcertados, decidimos una segunda cuestión: apostaríamos a la mina.

Los gemidos de la “camarada” se escuchaban desde donde intentaba quedarme dormido. Afortunadamente un dirigente de la JDC escuchó los gritos de la “camarada” e impidió que me uniera al menage a trois. Digo afortunadamente, porque la otra vez que estuve a punto de participar en una orgía, o lo que yo pienso que es una orgía, fue hace más de tres años, cuando recién conocía a mi ex chica trotskista. Ella, para dárselas de rupturista o “progre”, me dijo que era bisexual y que le gustaría verme tirar a una amiga suya que militaba en Clase contra Clase, un colectivo trotskista. Esperé y hueveé hasta que me aburrí, y mi ex chica desistió, porque como ya era mi novia, no quería exponerse a una relación, por decirlo así, abierta.

Uno podría decir que entre ambas situaciones no existe ninguna semejanza. Eso es en apariencia, porque en el fondo se trata de lo mismo: ambas situaciones estaban cruzadas por la militancia política. Recurro nuevamente a la Real Academia y leo la definición de militante: “Perteneciente o relativo a la milicia o a la guerra, por contraposición a lo civil”. En otras palabras, mis aproximaciones a la orgía han sido cuando he estado dispuesto a la guerra, ya sea como DC o como novio de una trotskista. Esto hace pensar por qué a las mujeres que les gusta el sexo son conocidas como “guarras” en alusión a “warriors” o guerreras. Juzgue usted.

Hoy, sin embargo, como el significado de militancia política se ha perdido, sólo queda la militancia personal, a nivel de la micropolítica, que puede ser la de tener sexo frecuentemente, la diferenciación sexual o de género, la de ser amante de los perros  guachos y todos los animales, la étnica, en fin. Hoy, nuestras militancias van por el lado de causas personales más que gregarias o colectivas. Por tanto quiero creer que también existen orgías a nivel de movimientos feministas, animalistas y mapuche. Aunque claro deben ser menos entretenidas. Me imagino, por ejemplo, a tres chicos animalistas –dos hombres y una mujer– que luego de comentar lo delicioso que estuvo el asado de gluten, caminan hasta un parque a tener sexo bajo la sombra de una araucaria o de algún árbol autóctono.

La militancia no es la misma, pero el nexo entre orgía y militancia se mantiene, puesto que estamos frente a una antigua relación: hablo de sexo y política. No es nuevo entonces que haya estado a punto de tener orgías en mi etapa militante y luego en la etapa militante de mi ex novia. Lo nuevo son las formas que va adquiriendo esta relación entre sexo y política. Por ejemplo, no tener sexo o no practicarlo a no ser que sea dentro del matrimonio, es la política de la Iglesia Católica. Y por otra parte, todos los “crímenes” por los que fue acusado Donatien de Sade fueron catalogados como tales porque subvertían el orden establecido. En otras palabras, ponían en riesgo el orden político de la época.

Sade más que ningún otro hombre supo del poder que tenía el sexo en las sociedades modernas. El sexo, no como lo entendía Catulo, sino como lo entiende una sociedad que tiene leyes, constitución política, derechos y deberes. La gran enseñanza de Sade fue que el sexo podía ser un arma de destrucción masiva que, bien utilizada, lograría subvertir el orden desde dentro, corroer las instituciones desde sus cimientos; porque el sexo apela a la animalidad y no a la conciencia y raciocinio que hay en cada uno de nosotros. Porque sin instituciones corremos peligro de que el lenguaje, tal como lo conocemos, desaparezca y en lugar de él existiera nada más que lenguaje corporal. Y yo, que me creo escritor, no quiero eso. No quiero que ese lenguaje corporal destruya mi futuro como escritor. Y si eso es egótico, no me importa.


Gonzalo León
Acerca del Autor:
GONZALO LEÓN
Gonzalo León (Valparaíso, 1968) es escritor y periodista. Ha publicado "orden y paria" (2001), "pornografíapura" (2004), "punga" (2006) y "pendejo" (2007), todos por libros la Calabaza del Diablo. La mayor parte de ellos se encuentran en bibliotecas públicas de universidades estadounidenses, como Yale, Harvard, Arizona, Berkley, Notre Damme, entre otras. Actualmente escribe una crónica semanal en La Nación Domingo, es editor de la revista de escritores latinoamericanos Bilis y miembro del consejo editorial de la colección Hazla Corta de libros la Calabaza del Diablo, de pronta aparición.
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