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ENTREVISTA: Elizabeth Neira, "la sexualidad y el cuerpo son un misterio fascinante" PDF Imprimir E-Mail

Por JAIME ALBORNOZ

La poeta,  periodista y artista visual Eli Neira nos revela aspectos de la elaboración  de su trabajo artístico a partir de su cuerpo, el deseo y el sexo,  temas  que la obsesionan enormemente y que  no se cansa de explorar, lo que la ha  convertido en una de las figuras más controversiales en el panorama del arte chileno.

 

 El sexo es la temática constante que cruza la obra de Elizabeth Neira, por lo que  no solo a hecho gala del erotismo en su vida intima como el común de los mortales, ya que sus textos se hicieron conocidos por derrochar una carga sexual sin filtro y  su pequeño cuerpo se ha convertido en la  marca registrada de sus puestas en escena, en las cuales convierte sus  genitales en un arma para disparar  su discurso poético y también político.

En su amplia trayectoria abundan performances que no dejan a nadie indiferente,  que provocan y  más aún, escandalizan a algunos sectores de la vieja escuela conservadora. Últimamente  alguien denunció  y sacaron  de  Youtube el video  de  su  performance “Nunca salí del horroroso Chile”,  en el que al son de una canción entonada por  una cantante lírica de Valparaíso, la poeta manipula una bandera chilena enrollándola como un “lulito” junto con una vela, a la cual le pone un preservativo y termina  introduciendo  en su vagina, para retirarse con el símbolo patrio dentro.

Desde el taller que comparte junto a otros artistas, Eli Neira reflexiona sobre su trabajo pisando el terreno  de la  sexualidad  en un  continente normado por los canones eróticos de la sociedad moderna.   

 ¿Cuales han sido algunas de las principales influencias artísticas que te motivaron para trabajar con el tema de la sexualidad?     

El Marqués de Sade, fue como lo primero que me voló la cabeza, cuando lo leí me chiflé un poco, ahí se me rayó el disco (risas). Básicamente porque lo que hablaba era un tema de libertad desde la literatura, con toda la carga que eso tenía, con todo lo que le pasó al Marqués de Sade, que fue un tipo que estuvo preso. Entonces dije aquí estoy con algo peligroso, exquisito, un misterio y como que de alguna manera me dije sobre esto vale la pena escribir, este es el misterio que yo quiero desentrañar. Aparte el Marqués de Sade  te muestra  como es  la alianza indivisible que hay entre el sentido de la vida y el sentido de la muerte, porque van siempre juntos, eros y tánatos van siempre juntos. Luego Bataille con dos libros, “El erotismo”   que es un ensayo completo del erotismo y “La historia del ojo” que es una novela en la cual juega el tema de la perversión, el poder, la seducción. El ojo pasa a ser el dispositivo de prótesis que ocupa la pareja protagonista que es una pareja sexópata adolescente y a través de eso ocurre toda la historia, pero también la historia de nuestra sociedad, la sociedad visual, que viene después de la escritura y solo se excita a través del  ojo como dispositivo que es el dominio de la imagen, la forma frente al contenido.

¿En que te ayuda incorporar tu cuerpo  físicamente en tus trabajos en escena?

Ha sido un desplazamiento de la metáfora, yo no desligo lo que hago ahora de lo que hice en el primer libro y lo que puedo hacer cuando descubrí en obras como el Marqués de Sade, que es sumamente fundamental cuando hace el giro. Yo me doy cuenta que el cuerpo en la sexualidad, más allá de lo moderno que seamos, siempre es un mensaje, por que siempre es un tipo de energía que algún tipo de sociedad va a querer normar para su beneficio, ya sea una iglesia, una moral, un orden económico, un orden de trabajo, un orden explotador, lo que hace es eso. De alguna manera con  el Marqués de Sade yo descubro el lenguaje del cuerpo como metáfora y lenguaje poético para hablar de todo lo que yo quería hablar. Hablo de las relaciones de poder, de las relaciones de orden que ese mundo me impone desde la moral y de la explotación también, todas estas cuestiones de políticas de  género y de raza, porque cuando también te asumes como cuerpo, está toda esa historia en ti. En mi caso yo era chica, evidentemente latinoamericana, evidentemente mujer, de tal edad y todas esas cargas significativas se convirtieron en mi principal herramienta de trabajo. Desde ese lugar yo quería hablar y me resultaba más fácil, aunque yo creo que la literatura está llena de cuerpo, en la poesía de gente como Gómez Jattin, gente que instala este concepto de la “polisexualidad”, tu lo lees y es puro cuerpo, no sé si te escandaliza pero apela constantemente a funciones corporales.

 ¿Que sensación te provoca trabajar con tu sexualidad, exponer una parte de ti que es tan intima?

Al principio me causaba un poco de pudor , encontraba que era mucha la exposición, pero me di cuenta que en realidad, si yo asumía que el cuerpo era un panfleto, la sexualidad pasaba a ser también un discurso y al estar también en una instancia literaria, no es lo mismo. Te pongo un ejemplo: vas a Valparaíso y está la  loca que hace el baile del caño, ahí hay un discurso que está separado de la metáfora, ahí no es posible, ahí el cuerpo es corporalidad cien por ciento, porque la loca va a promocionar el deseo que se instala con ese cuerpo. Si yo desde la literatura instalo un discurso, ese discurso es siempre literario, por lo que siempre te cabe la duda o te cabe la posibilidad de expandir ese discurso a otros significantes,  pero nadie podría asegurar desde el punto de vista de la literatura que es un diario de vida, por lo tanto no es un  reality, no es un desnudo dentro del género del desnudo, porque siempre han estado significados a partir de otros cruces también, cuando mostraba la teta era porque era un personaje que era la cicciolina latina, pasa por la intención literaria que yo le pongo.

En el tiempo en que viviste en Buenos Aires ¿cómo se recepcionaron allá tus performances?  ¿Es muy diferente  a la forma que se recibía acá en Chile este tipo de presentaciones?

Mira yo creo que son igual de pacatos, pero son pacatos de otra manera no más. Lo que sí la sociedad Argentina tiene un grado más de libertad de exposición, pero también tu vas a la calle Corrientes y están todas las revistas de vedettes y todo lo demás, el uso del cuerpo de la mujer sigue siendo un uso de mercancía, en ese tema los Argentinos llevan más años de eso. ¿Donde está la diferencia?, yo creo que una cosas es el cuerpo el servicio de la sexualidad dentro de un mercado y otra cosa super distinta es instalar el cuerpo como propiedad inalienable tuya, así soy yo dueña del discurso de mi cuerpo y no la industria cosmética, ni la industria del espectáculo y no los café con piernas. En la medida que yo me apropio de mi cuerpo como mi metáfora, mi libro, mi mural, mi escritura,  nadie puede reinstalarla como otro discurso. Yo no hago campaña para cosméticos ni para tiendas de ropa, me encantaría salir en una (risas), me refiero a que el uso es única y exclusivamente para el arte. Allá me costó instalar el discurso de “Yo quiero hacer una performance  en la cual quiero orinar en las esquinas de los pasillos” y tenía que entrar a discutir conceptualmente.

En el desnudo siempre hay un dejo de sospecha, ¿cómo lo vives tú en tus performances al recurrir a estos elementos eróticos y aparecer desnuda, tomando en cuenta que  en algunos sectores del arte se  dice que desnudarse es un recurso fácil?

Hay mucho machismo, yo invitaría a los que dicen que es fácil a desnudarse en público y van a ver que no es nada de fácil, porque en realidad te pasan hartas cosas. Energéticamente estás muy expuesto y a la vez también si tu cuerpo es el único desnudo en un contexto de cuerpos vestidos, pasa a ser un alma, porque instala la diferencia y eres receptor de las miradas. No es tan fácil desnudarse y mucho más difícil es instalar un discurso a partir del desnudo, o sea, me puedo desnudar a lo Tunic que también lo hice y todo bien, ahí es un desnudo por el desnudo, que es un gran género en el arte y me encanta, pero instalar un discurso con el cuerpo es otra cosa, otra pega más, tienes que volver a elaborar. Desde el punto de vista de las artes visuales creo que se concibe un poco más, igual se mira con sospecha. Del punto de vista de la poesía ahí hay como un doble estándar, porque igual nosotros dentro de todo tenemos una tradición poética donde el cuerpo ha estado super presente, desde la Teresa Willms  Montt hasta la Diamela Eltit, hay una serie de mujeres que instalaron el discurso del cuerpo con dolor o sin dolor, erótico no erótico, como que de alguna manera está un poco más asimilado pero sigue habiendo sospecha, motivo por  el cual más me incentiva seguir con el tema del cuerpo, porque para mí sigue siendo un tema inconcluso de esta civilización, como asumimos nuestra corporalidad, como nos hacemos dueños de nuestro cuerpo y como también se hace objeto de arte.

 ¿Te pasa que al exponerte de forma erótica, la gente te percibe con una carga sexual más potente?


Claro, la gente es super literal, no se hace una diferencia entre el escritor y la persona. Porque cuando estas escribiendo estás en un momento de excepcionalidad, estás desmarcando el cotidiano y lo estás poniendo como obra, esa es la operación, pero uno no vive el cien por ciento del día en esa circunstancia  de excepcionalidad, por lo tanto, yo puedo tener la misma cantidad de sexo que cualquier persona pero en la medida que yo lo desenmarco de mi cotidiano y lo pongo en un marco poético, parecería que yo estuviera todo el día pensando en que me quiero coger a todo el mundo. Yo podría tematizar también, de hecho lo hago esa suerte de deseo sin contención, pero hay una diferencia, yo creo que el arte  en general es un espacio de sublimación, de sanación de los traumas y todo lo demás, y un espacio en el que uno justamente puede poner toda esta carga de deseo, de ansiedad, de soledad, de la necesidad del otro que tienes como cuerpo, como sexualidad, todo lo que la moral te va recortando y como uno reacciona frente a eso. Justamente el arte es un lugar sano, porque lo otro sería pescar una pistola y salir a matar gente o volverse una vieja chota reprimida. La gente no entiende esa condición del arte, yo no podría decir eso de grandes autores como Henry Miller o el mismo Bukowski, no pasaban todo el día ni cogiendo ni borrachos, tenían una sensibilidad especial con esa faceta de sus vidas, como yo la tengo con esa faceta de mi vida que es la sexualidad y el cuerpo que para mi son un misterio fascinante, que nunca he logrado desentrañar, por eso déle con que déle.

                                     
 ¿Como sientes que es el tratamiento del sexo por parte de los artistas hombres?

Yo lo encuentro medio pacato, como que los artistas hombres tanto poetas como visuales, no se hacen cargo de su cuerpo ni de la sexualidad. Está super obnubilado el tema del cuerpo acá. Aparte nuestro cuerpo es muy loco porque como chilenos tenemos un cuerpo mestizo, que es un cuerpo lleno de contradicciones, en el sentido que nosotros nos vestimos y toda la tienda, la ropa, la publicidad está hecho para cuerpos europeos y el 90 % de la población chilena no es ni india ni europea, es mestiza. Aún tenemos rasgos con los que no logramos reconciliarnos y por lo mismo tiene poca representatividad, tiene poca representación en el imaginario colectivo, en las artes, en la poesía y en la publicidad, y ahí estamos en conflicto con nuestro cuerpo.              


Jaime Albornoz
Acerca del Autor:

JAIME ALBORNOZ
Jaime Albornoz es periodista. En su tiempo libre gusta desarrollar puzzles que vienen  al reverso de los medios escritos nacionales.

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