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El fin de las revistas porno PDF Imprimir E-Mail

Por JC RAMÍREZ FIGUEROA

 Hace un par de semanas Hugh Hefner despidió a la mitad de los trabajadores de la revista Playboy. La crisis financiera y la baja de “lectores” (es un decir) motivaron la decisión, y de paso la publicación de un especial con “las mujeres más deseables de Wall Street”.

 Y Pamela Anderson, quien no le hace asco ni a rockeros rednecks ni a Borat, salió desnuda de una torta de cumpleaños y corrió hacia Hefner, para desearle felices 82. Después lo besó en boca, “ante la atenta mirada de sus tres conejitas-novias oficiales”.

La escena, incluída en “The Girls of the Playboy Mansión” del canal E!, posiblemente cristalizará el último gemido del imperio Playboy, del erotismo de revista y la subcultura de la modelo-de-página-central. La misma que La Cuarta adaptó a Chile y la bautizó como “Bomba 4” y que motivó las masturbaciones de toda una generación.

A propósito de masturbación, fue curioso que cuando publiqué en La Nación Domingo un reportaje en torno al notable estudio “Sexo Solitario”, tanta gente se haya espantado. Según el autor, Thomas W. Laquear, “tocarse” se convirtió en tema, solamente después de la revolución industrial. Precisamente, durante las discusiones en torno a si el hombre debía ser libre o un átomo al servicio de la producción.

Como el dueño de Playboy tiene cosas más importantes que hacer que meterse a internet, no debe sospechar lo que puede caber dentro de una pantalla. Y no me refiero a las orgías masivas, los “faciales”, el sexo interracial, japonesas que juguetean con moluscos o hermafroditas modelos. Después de todo, eso siempre existió, sólo que era más difícil acceder al material.

Lo que ocurre, es que mientras la empresa Playboy discute sobre como reencantar al público, ese público ya está casado o tiene el dinero para pagarse prostitutas profesionales. Y los “nuevos” ya tienen establecida una cultura de fotologs, flickrs, sesiones de fotos privadas transmitidas por mail, grabaciones vía webcam. Desde el extraño cruce gótico, pin-up y punk de una Suicide Girl que se toma fotos para ella misma  a un adolescente que le muestra sus partes a una supuesta novia vía cámara web, el mundo dejó de necesitar las modelos de Playboy o de las revistas con moral de ginecólogo que salieron a hacerle la competencia desde los setentas.

Si bien, la masturbación es el gran fin de toda pornografía, aunque algunos sobreteoricen el asunto, hablar sobre el acto en voz alta sigue poniendo nervioso a todos. El problema es que hay toda una generación que se inicia sexualmente más allá del toqueteo solitario mirando fotos de modelos.

Eso deberían saberlo los publicistas del decadente imperio Playboy.









J.C. Ramírez Figueroa
Acerca del Autor:
J.C. RAMÍREZ
J.C. Ramírez Figueroa (28 años) es periodista de rock, cine, literatura y sociedad. Escribe en Emol, La Nación y La Mano (Buenos Aires). Aterrizó en Santiago desde Talcahuano hace tres años, logrando una rápida transición desde reportajes "pop" a inteligentes crónicas sobre personajes, temas y lugares olvidado entre tanto comunicado de prensa o googleismo. Le gusta revolver libros, el cine por la noche, coleccionar singles, tomar café expreso con su novia y tocar una guitarra modelo Les Paul conectada a un Marshall. http://archivosderamirez-figueroa.blogspot.com
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Comentarios
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Manolo   |200.6.100.xxx |2009-07-14 19:08:13
Creo que la modelo setentera u ochentera, con más "cabellera" que las de
hoy y con tetas naturales, sobre papel sensible a la luz y al paso de los años,
calienta más que la nueva pornografía masiva y gratis. Que no le falte Viagra a
Hefner.
Vero   |190.100.136.xxx |2009-06-17 18:15:22
Debería existir la versión de Hugh Hefner femenina.. Alguien que se preocupe por
motivar la masturbación femenina, así no tendría que estar gran parte de la
noche haciendo zappingc para encontrar una porno decente..
Jude.   |190.22.245.xxx |2008-10-20 18:28:12
Ni se te ocurra mirar esas revistas. Aunque vengan con "reportajes
serios" (mis calzones).

Supongo que tampoco te hacen falta. No deberían
hacerte falta.
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