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The Old Musical Sandwich: la comida según Bob Dylan PDF Imprimir E-Mail

Por DANIEL SALINAS

Lo que un puñado de viejas canciones, elegidas por el disc-jokey más famoso del mundo, puede enseñarnos sobre el arte de comer en pleno siglo veintiuno.

 

 Como si no fuera suficientemente polifacético, desde hace un par de años Bob Dylan viene haciendo las de DJ en un programa de radio que ya va en su tercera temporada y que se transmite una vez a la semana por Internet; el “Theme Time Radio Hour”. Como su nombre lo indica, la idea del programa es que en cada sesión se ponen canciones que tratan explícitamente, aunque desde distintos puntos de vista, sobre un mismo tema (“Beisball”, “Jail”, “The Devil”, “Friends”, “School”, “Time”, “Hello”, “Drinking”, “Guns” o “Women’s Names” son algunos de ellos).

La gracia no es solamente que quien selecciona, presenta y comenta las canciones sea el mismísimo Dylan. Para un fanático obviamente resulta impactante escucharlo conducir un programa en el que muestra su discoteca personal y de paso da consejos de auto-ayuda, se ríe de tonteras, responde mails, recita a Shakespeare, revisa estadísticas y récords, recuerda hechos históricos, recomienda lugares para visitar y tira a cada rato chistes y anécdotas y frases para el bronce. Nunca antes se lo ha escuchado tan cerca, tan relajado y, sobre todo, tan bueno para hablar. Pero eso no es todo.

Porque si no te gusta Dylan todavía queda lo más importante, que es la parrilla musical. En lugar de novedades taquilleras o de los típicos hits recalentados con que comúnmente la radio termina lateando a sus auditores, cada programa se compone en su mayor parte de canciones viejas, rarísimas o pasadas de moda, que en su minuto fueron conocidas pero que han sido olvidadas y de las que hoy en día casi no tenemos noticia. Los cuarenta, cincuenta y sesenta dominan la programación, y al mismo tiempo aparecen cosas de los veinte o los treinta, y también sorpresivas canciones de los ochentas, noventas o más recientes. Todos los géneros musicales (blues, country, rockabilly, soul, jazz, rock-and-roll, reggae, pop, hasta punk) son traídos a colación en un sofisticado menjunje musical por el que supuestamente hay que pagarle a XM Satellite Radio pero que se descarga gratis de miles de blogs.

Y bueno, el tema del programa 29 de la primera temporada fue la Comida (“Food”).

“Bienvenidos otra vez a Theme Time Radio Hour, y espero que tengan hambre. Porque esta noche tenemos un menú musical que verdaderamente les va a abrir el apetito”, partió diciendo Dylan en un ronco y gracioso acento mid-west característico de los viejos cowboys. “Vamos a comenzar con una invitación de Cab Calloway, un hombre que aparece convertido en un monito animado en los cartoons de Betty Boop”. Y puso “Everybody Eats When They Come To My House” (1947), una animada canción un poco swing, un poco jazz, en la que un tipo de voz ronca parecida a la de Louis Amstrong celebra el placer de recibir con exquisitos banquetes a todos sus amigos: “Have a banana, Hanna / Try the salame, Tomy / Try a tomato, Plato / Ask me a panqueke, Madrake / ¡Everybody eats when they come to my house!”. Dice el deejay: “Ese fue Cab Calloway, sirviendo la mesa para nosotros”.

Por un rato se dedicó a hablar sobre sándwichs. A modo de introducción contó la historia de John Monticue, un Lord aventurero y político incompetente de quien se dice haber inventado los sándwichs, y luego hizo una lista de sus sándwichs preferidos, aceptando o concluyendo finalmente la superioridad de la hamburguesa. Entonces sintonizó “Hamburger Hop” (1950) de Johnny Hick and His Troubadours, y “The Hamburger Song” (1960) de Bobby Moore & The Rhythm Aces, y después “Hot Dog (Watch Me Eat)” (2005) de The Detroit Cobras.

Habló sobre la comida en Estados Unidos, y sobre la tradición americana de los “dinner theaters”, lugares en los que puedes ir a cenar y a ver una obra de teatro al mismo tiempo. Y luego leyó un poema de Allan Ginsberg, “A supermaket in California”, en que un solitario y silencioso Walt Whitman aparece en un supermercado preguntando por el precio de los plátanos. Y como los poetas beats, dijo entonces, eran todos fanáticos del bebop –así como de la buena mesa– porqué no escuchar al rey del bebop, Dizzy Gillespi, tocando “Hey Pete, Let’s Eat More Meat!” (1946), una pieza de inspiración humorística en la que después de destrozar su trompeta el propio Gillespi termina recomendando la carne de vacuno por sobre la carne de cerdo. Y luego, para cerrar la parte jazzística del programa, puso “Eat That Chicken!” (1961), una composición de Charlie Mingus en la que alguien grita una y otra vez “eat that chicken!” mientras la trompeta acelera por la canción como persiguiendo a una deliciosa pero inatrapable gallina de tres patas.

Algunas otras culinarias canciones que aparecieron en ese programa son “Matzoh Balls” (1939) de Slim Gaillard; “Bar-B-Q” (1964) de Wendy Rene; “Hot Biscuits And Sweet Marie” (1961) de Lincoln Chase; “Shorting Bread”(1960) de Paul Chaplain & His Emeralds; “I Heard The Voice of a Pork Chop” (1928) de Jim Jackson; “Hungry Man” (1947) de Louis Jordan & His Tympany Five; “Saturdat Night Fish Fry” (1957) de The Blue Dots; y para cerrar, de postre, “I Like Pie, I Like Cake” (1941) de The Four Clefs.

Yo no conocía casi ninguna de todas estas magníficas canciones. Pero como va quedando claro, el tema de la comida –como cualquier otro de los “temas” que guían cada capítulo–  no es más que una excusa para abrir una especie de sarcófago: para Dylan, las viejas canciones son como fantasmas recuperados que nos transmiten su iluminada y misteriosa sabiduría en medio del grasoso charquicán de la cultura contemporánea. Cadáveres musicales que vuelven: su minuto de fama duró poco y fueron desechadas como basura, pero siguen ahí, para quien vuelva a escucharlas, hablando en secreto de todos los temas y de esa manera que sólo ellas, las canciones, pueden hacerlo: mezclando la música con letras que no llegan a ser poemas, que son más simples que los poemas pero acaso igualmente profundas y por cierto más cercanas al intrigante lenguaje en el que se entienden las personas comunes y corrientes.

“No se ustedes”, terminó diciendo, “pero yo estoy lleno. No sé si podría comer algo más. Nos vemos la próxima semana en Theme Time Radio Tour. ¿No les importaría pagar la cuenta, verdad?”.

 


Daniel Salinas
Acerca del Autor:
Daniel Salinas nació en Santiago en 1981. Es sociólogo y magíster en Literatura de la Universidad Católica de Chile. Trabaja en Asesorías para el Desarrollo en temas de política educacional. Actualmente conduce un estudio sobre desarrollo de la creatividad de alumnos de colegios socialmente vulnerables. Ha publicado en The Clinic sobre la recepción de Bob Dylan en Chile.
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