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Manuscrito hallado en una servilleta PDF Imprimir E-Mail

Por PATRICIO URZÚA

Reflexiones sueltas sobre la comida, entre plato y plato.

 

 

 Comer es matar.

Piensa en esto un segundo: todo lo que nos comemos está muerto. Los supermercados nos hacen olvidar esto empaquetando la comida en decentes envoltorios que convierten huesos y músculos, hojas y frutos, en inofensivas cositas geométricas, muy lindas, que no recuerdan en nada la forma de una vaca o una gallina.

Los animales matan para vivir, incluso los que comen sólo hierbajos. Pero sabemos que la conducta animal no se mueve desinteresadamente, sino gracias a una mezquina serie de reacciones e instintos que, en última instancia, están ligados al placer. Así que el león tiene que sentir goce al oler el miedo en una presa, los lobos deben disfrutar la sensación de morder una yugular y sentir la sangre caliente.

Nosotros elegimos hacernos los tontos.

Buena parte del atractivo de la comida proviene de la ocultación de su forma animal original. Por lo menos, entre nosotros. En Japón, hay una especie de sashimi que se llama ikizukuri: el pescado lo escoge el comensal, el maestro lo saca de un estanque, lo filetea vivo y lo sirve en un plato con hielo. Cuando llega a la mesa y el comensal se echa el primer trozo a la boca, el corazón del pez todavía late.

Los vegetarianos (o los veganos, o los frutarianos, o como quiera que se llamen este mes esos extraterrestres que sòlo comen plantas) tenían razón. Para comer carne, hay que matar. Así nomás es la cosa. Eso no me va a estropear el asado, de todas maneras.

Comer carne es una de las cosas que nos condujeron, hace miles de años, a dejar de ser monos y convertirnos en algo que todavía no era un ser humano, pero que iba para allá. Porque cazar agudiza los sentidos, obliga a fabricar herramientas y, sobre todo, permite gastar menos energía en digerir. Eso conduce a cerebros más grandes. Y, de pronto, ya no estamos en la selva, sino rodeados de rascacielos.

Xabier Zabala también tenía razón: meterse algo en la boca es puro sexo. Así que la próxima vez que comas algo, piensa en quién lo hizo. Y en cómo. Y en si no deberías usar un profiláctico en la lengua.

Sólo entre seres que piensan, la comida tiene un sentido que supera el de la simple alimentación. Comer algo significa algo, así que la comida se convierte en una forma de comunicación. Y dejar de comer también. Así que tenemos anorexia, obesidad mórbida, gula, bulimia, sommeliers y catadores. Comer es conducta, y al conducta es status. Así que no es lo mismo comer vacas muertas en McDonalds que comer vacas muertas en el Pura Carne. Aunque a las vacas esto les tiene sin cuidado.

Narda Lepes también tenía razón. Una frutilla dulce, una sola, compensa por todas las frutillas desabridas que hayas comido alguna vez.

Ah, aquí llega el postre.


Patricio Urzúa
Acerca del Autor:
PATRICIO URZÚA
Patricio Urzúa es periodista. Ha escrito en La Nación, Vinos y Más, la Zona de Contacto, Paula y Caras. Fue parte del equipo fundador de Bazuca.com, ha escrito para doumentales y series de televisión y actualmente trabaja en Radio Concierto.
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Comentarios
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alejandra   |65.34.194.xxx |2008-12-06 19:46:41
Interesante, espero poder meditar un par de minutos antes de comer mi almuerzo
en la cafeteria del trabajo, y a ver si asi cambio de parecer, o sigo comiendome
esa carne toda fea que sirven ahi...

Pd. es la primera vez que me cruzo por
aca, seguire leyendo las siguientes publicaciones, saludos desde Miami
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