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Etica de las ciudades PDF Imprimir E-Mail

por SERGIO FORTUÑO

Una ciudad bonita no es necesariamente una buena ciudad. La belleza urbana es para los turistas. A los habitantes de una urbe debería importarles mucho más su justicia y bondad.

 

 Desde 1983, ando sólo en micro y me muevo como peatón. No tengo idea de urbanismo, pero algo sé sobre la ciudad, sobre nuestra ciudad, gracias a estas décadas de desplazamiento por sus calles. La ciudad ha sido la escenografía de todos esos viajes y eso me ha hecho pensar mucho en ella.

Durante muchos años pensé que había ciudades bonitas y ciudades feas. Nueva York, con su continuo de rascacielos, sus áreas verdes, sus ríos y sus puentes era una ciudad bonita. Los Angeles, con su enjambre de autopistas y barrios segregados, una ciudad fea. Valdivia, una ciudad bonita. Santiago, una ciudad de periferias feas, tanto pobres como ricas, y barrios tradicionales bonitos.

Desde hace un tiempo, abandoné esa clasificación.  Ya no distingo entre ciudades bonitas y feas, si no entre buenas y malas. En realidad tampoco es que haga la distinción, más bien me pregunto qué le falta a una ciudad, qué le falta a nuestra ciudad, para ser buena, en vez de rotularla en términos absolutos como buena o mala.

Hay urbanistas que conciben la ciudad como un sistema de distribución de las oportunidades. La urbe es como un mercado donde se ofertan servicios claves como educación, salud, trabajo, transporte, recreación, etc… Una ciudad es buena cuando permite un acceso más igualitario a esos servicios, cuando permite una mejor distribución de las oportunidades.

El patrimonio arquitectónico, los hitos turísticos, la antigüedad de las construcciones poco o nada tienen que ver con esta ética de las ciudades. Más importa cuánto tiene que viajar el integrante de una familia pobre a su trabajo, lugar de estudio o centro de atención médica. Cuanto más se acerquen esos tiempos de desplazamiento a los de los miembros de familias de mayores ingresos, mejor será una ciudad.

Para conseguir esto, hay varias maneras. En el caso de Santiago, antes pensaba que la única forma era repoblando el centro de la ciudad y mejorando las vías de acceso para quienes siguieran viviendo lejos de él. Pero una ciudad justa, una ciudad buena, podría ser también un sistema de suburbios autosuficientes donde los desplazamientos fueran considerablemente menores. Se puede pensar que los malls santiaguinos cumplen ese rol, aunque su oferta cubre más que nada los bienes de consumo. Falta el equivalente a los malls en educación, salud, recreación y cultura. Aunque algo de eso hay, claramente no es tan relevante al lado de los metros cuadrados de mall destinados al retail puro y duro.

Como decía, durante muchos años pensé que había ciudades bonitas y ciudades feas. Tampoco imaginaba que los malls me servirían de ejemplo como puntos de distribución de las oportunidades. Hasta hace poco tenía predilección por un urbanismo de clase media idealizada, sin autopistas, con almacenes en la esquina y muchos pasajes de casas Ley Pereira. Pero esos son componentes de lo que algunos consideran una ciudad bonita, no una ciudad buena.

La preservación de barrios es una forma de mantener una buena calidad de vida para quienes viven en ellos y un modo de impedir el acceso a quienes buscan precisamente esa calidad de vida. El romanticismo urbanístico favorece un límite urbano más estrecho, pero esto eleva el precio de los terrenos más cercanos a las oportunidades en la ciudad (hay más demanda por una menor oferta de suelos), lo que empeora las condiciones de vida en las periferias empobrecidas e impone a las viviendas sociales emplazamientos desfavorecidos. Cosas que asumimos fácilmente que embellecen una ciudad pueden hacerla más desigual. Lo que se comúnmente se cree que la afea, puede convertirla en un lugar más ético.

El look de una ciudad, sus sitios históricos, su onda, son asuntos de turistas. A los que vivimos en ellas, deberían importarnos su justicia y su bondad.

Sergio Fortuño
Acerca del Autor:

SERGIO FORTUÑO
Sergio Fortuño tiene 36 años. Estudió periodismo en la Universidad de Chile. Actualmente, es director de Radio Concierto, donde también ha trabajado como conductor y editor periodístico. Ha trabajado y colaborado en diversos medios escritos y audiovisuales, como el canal Rock & Pop, la productora Nueva Imagen, El Mercurio, La Tercera, revista Rock & Pop, revista Billboard (EE. UU.), revista Fibra, Qué Pasa, Rolling Stone y revista Blank, entre otros. 

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Comentarios
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KAE   |200.120.205.xxx |2008-05-24 11:10:38
No hay justicia y bondad en una planificacion desinteresada y abasalladora, muy
lejos de la estetica tampoco hay placer, la comodidad de unos, es el desarraigo
en la identidad de otros.
Romina   |200.120.53.xxx |2008-05-24 07:45:32
Muy a mi pesar (la verdad es que me gusta caminar como si fuera turista por
mi propia ciudad) debo reconocer que tienes razón. Pero me
seguiré quejando, porque me parece que las oportunidades que mencionas pueden ser emplazadas con un poco más de respeto con la
estética... definitivamente me gustaría que alguien fiscalizara los
colores que elige Paz Froimovich para pintar los edificios del centro!
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