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ENTREVISTA: Pablo Allard PDF Imprimir E-Mail

Por VADIM VIDAL

"Las grúas son como las espinillas de los adolescentes: son feas, horrorosas, pero son síntomas de que estamos creciendo".

 

 

 

 El optimismo no vende. Menos si se trata de columnistas. La vieja lógica de que una buena noticia no es noticia, tiene los tabloides llenos de tipos ofuscados encontrando mala hasta la música de supermercado. También si se trata de ciudad, donde los medios viven consultándoles a los urbanistas y arquitectos por lo peor de la ciudad, lo más feo, lo más antiestético y un agrio etcétera.

Por eso las columnas de Pablo Allard en La Tercera los días domingo, son para disfrutarlas. Porque cumple con lo que debe tener una columna “sectorial”, da a conocer cosas y términos nuevos, y porque están (bien) escritas desde el cariño. Un optimista en los tiempos en que todo “debe” estar malo, es un alivio.

Hablamos con él en su oficina del Laboratorio de Ciudades de la Universidad Católica, donde llega  en bicicleta todos los días desde su casa.

Emotivamente, ¿cuál es tú ciudad, cuáles son los lugares que frecuentas?

Esto puede explicar un poco por qué soy tan optimista y por que quiero tanto Santiago. Porque yo viví fuera. Nací en Recoleta y a los seis meses mis padres se fueron a vivir a Caracas. Una ciudad maravillosa del punto vista del paisaje, pero muy caótica desde le punto de vista urbano. Donde la pobreza aparece in your face en los cerros, se hace evidente la violencia, la inequidad y el exceso. Pero por otro lado es una ciudad de una alegría, de una franqueza y de una cultura muy rica. Viví 12 años en Venezuela. Además mi familia es de Viña del Mar y Valparaíso entonces tenían todo ese ideario de los trolleys y las caminatas por Ocho Norte y Avenida Perú. A los 12 regreso a Santiago, a Vitacura. Cerca de donde yo vivía todavía habían poblaciones, existía aun ese paisaje intermedio entre suburbio y algo de campo. Después estuve seis años afuera estudiando y al regreso volví a Vitacura profunda.

Muy de vida de barrio.

 Mis decisiones de vida es vivir a diez minutos del colegio de mis hijos, a diez minutos de la pega, de donde me vengo en bicicleta siempre. No concibo una vida suburbana a media hora en auto. Con cocodrilos y alarmas. Mi casa es una casa antigua, del año 53, una Ley Pereira, en un barrio donde conozco a mis vecinos, donde tenemos una plaza y vamos a esa plaza. Donde conozco al viejo que tiene una fabrica de chocolates en la esquina. Es el estilo de vida al que yo he optado. Y a ese Santiago, yo lo contrasto con los otros santiagos que están en mi experiencia por mi trabajo. Al de los conjuntos de viviendas sociales en La Pintana o Puente Alto, el del Sanjón de la aguada, el de Renca.

¿Por qué te gusta tanto Santiago si todo el  mundo lo encuentra horrible?

Yo creo en Los Prisioneros, si no les gusta: ¿Por qué no se van? Y si no pueden irse, porque no tienen opción, es importante fijarse en cosas buenas de esta ciudad: tiene un clima privilegiado, no hay humedad, es frío en invierno pero las temperaturas bajo cero se dan pocas veces, es caluroso en verano, pero sobre 30, rara vez. Es un clima seco, no se transpira, no hay bichos. En invierno los días grises son pocos. Tiene un contexto natural privilegiado. Y es una ciudad compacta. En la forma que ha tomado la ciudad es relativamente homogénea, es concéntrica, tiene circunvalaciones. No es como Caracas que es una gran salchicha alargada, o como Quito que está dividida en dos por un cerro.

Pero no todo es bueno, también hay problemas

 Los problemas van por el tema de la segregación espacial, producto de políticas de vivienda y de mercado, que fueron expulsando a ciudadanos de escasos recursos hacia la periferia. Sobre todo a la periferia sur, donde no había equipamiento, donde no había áreas verdes, ni oportunidades. Y esas personas han tenido que asumir el costo de viajar dos horas para llegar a su lugar de trabajo o a los colegios. Ese es tema que hay que corregir.  Y el otro tema es la contaminación ambiental.

¿Qué piensas cuando ves tantas grúas en la ciudad? Está lleno.

Mucha gente las ve con temor o recelo, yo las veo con optimismo. Las grúas son como las espinillas de los adolescentes: son feas, horrorosas, pero son síntomas de que estamos creciendo. Y creciendo de forma explosiva. Detrás de una grúa hay desarrollo, inversión, vitalidad. Nada más deprimente que una ciudad sin grúas. Yo estuve en La Habana hace un mes atrás y es una ciudad con andamios para que no se caiga. El exceso de grúas como Shangai es preocupante por que da la sensación de que van a arrasar con todo. Pero en el último tiempo también nos estamos dando cuenta de ciertos valores urbanos que hay que preservar por sobre esta idea desarrollista de que hay que crecer y crecer. Lo que si me causa temor son los bulldozers botando casas patrimoniales, pero ese es otro tema

Igual como que la gente se está empezando a organizar para pelear por temas. Qué se yo, la plaza Las Lilas, el  respeto a los planos reguladores, Vespucio bajo tierra…

Yo siento que en este momento estamos empezando a tomar conciencia todos, no solo algunos, de las limitantes que tiene Santiago para llegar a ser la ciudad que todos queremos. Creo que Transantiago sirvió mucho para enrostrarnos esas diferencias. Y no es casualidad que la autoridad esté tomando medidas al respecto. Pensando en subsidios habitacionales que privilegian la ubicación central de la vivienda social, que no se siga expulsando para afuera. Que empiecen a surgir programas de parques urbanos para reparar esa deuda que se tiene con muchas zonas de la ciudad. De que ahora cualquier inmobiliaria que quiera hacer un proyecto nuevo ahora va a tener que pagar por colegios, por bomberos, por infraestructura, por cuota de vivienda social.

Esas medidas van a lograr una plataforma en que la ciudad va a empezar a equilibrarse en estas diferencias sociales que tenía. Además demográficamente, a lo más el 2030 vamos a tener 8 millones de habitantes, no vamos a ser una megapolis como Sao Paulo o Ciudad de México que son inmanejables. Vamos a tener un tamaño perfecto para una ciudad global donde puedes tener a la Pequeña Gigante, a Morricone a Bregovic tocando en La Bandera gratis. Eventos masivos, con buenos parques y como la población no va a crecer tanto, pero los ingresos sí van a aumentar, la calidad de vida va a mejorar. Además se puede ver que la gente está exigiendo mejor estándares en las plazas y en las viviendas sociales. Ya no es cantidad lo que importa en las políticas sociales, sino calidad. Ya no es cobertura sino calidad en la educación, entonces ese salto cualitativo lo vamos a vivir en los próximos años.

Tus alumnos, ¿conocen la ciudad?

Trato de que salgan. La primera clase les pongo un mapa de Santiago y les pido que ubiquen La Legua. Y nadie le achunta. Muchos tienden a ubicarlo en Puente Alto o La Pintana y pocos saben que está en San Joaquín, tan cerca del centro de Santiago y a sólo tres cuadras del campus donde ellos van a clases. Es un ejercicio para que conozcan que esa ciudad del miedo, esa ciudad de los medios, no es necesariamente la ciudad real. Después, durante el semestre, salen a registrar ciertos espacios urbanos. Desde la Plaza de la Ciudadanía al Paradero 14, etc. Van a terreno, registran la información, entrevistan a los vecinos, etc.          

Para finalizar, la pregunta de rigor: tus lugares favoritos de Santiago. No incluyas el Forestal por favor.

El Persa Bío Bío, Franklin y el barrio Huemul, son muy atractivos. No es que vaya todos los días. Es como el vino: no se toma el mejor vino todos los días, pero es de los que me gustan. El Parque Metropolitano, pocos santiaguinos saben que santiago tiene el parque urbano más grande de una capital en el mundo y a solo tres cuadras del centro neurálgico que es a Plaza Italia. El problema es que tiene muy mala accesibilidad. Sólo se entra por Pedro de Valdivia o Pío Nono. Barrios como el Jardín del Este de Vitacura, como diseño urbano de vivienda de altos estándares es una lección de arquitectura. Algunas poblaciones obreras cerca de Machasa, unas viviendas de los años 20 y 30 de muy buena calidad. Con una dignidad que hoy en día no se ve. La verdad es que Santiago está lleno de lugares interesantes.   

* Pablo Allard es arquitecto, doctor y máster en Diseño Urbano


Vadim Vidal
Acerca del Autor:
VADIM VIDAL
Vadim Vidal tiene 34 años. Estudió Literatura en la Universidad Católica y Periodismo en la Universidad de Santiago. Desde el 2002 escribe en El Mercurio: Zona de Contacto en papel, Sociedad y Actividad Cultural, además de revista Wikén. Actualmente es coordinador periodístico de zona.cl. Fue editor de la revista literaria Barco Ebrio, del colectivo del mismo nombre. Tiene una hija que se llama Guadalupe y una pareja que se llama Carola, quienes ocupan el podio de sus preocupaciones. Al cierre de esta edición aún no tenía facebook.
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Comentarios
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Anónimo   |200.83.232.xxx |2008-10-24 06:47:06
a
Miguel Rocha  - vivir la ciudad   |190.21.3.xxx |2008-05-23 22:11:25
No conozco santiago tanto como me gustaria, pero me parece excelente que existan
personas que de verdad vivan la ciudad.
siento que hay que dejar de ver nuestra
cuidad como un objeto inerte, como un ente que solo provoca incomodidad y hay
que empezarlo a sentir mas nuestro hogar.
vivo en los "feos suburbios"
y muxa gente solo ve la ciudad como un medio para hacer tramites, para ser
victima de algo o para desquitarse con el estado, porque la ven como propiedad
de las altas autoridades y no la conciben como propia, no se entiende una ciudad
que puede ser vivida.

Me parece excelente que alguien rescate lo bueno de
esta ciudad que de verdad a mi me gusta mucho. por nada dejaria santiago.
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