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PVRGATIO (fragmento) PDF Imprimir E-Mail

Por CAMILA TÉLLEZ 

“…Cuando nos damos cuenta de que morimos
Ya estábamos muertos.”

1

Sé que estoy siendo observada -escribió-, pero no sabría decir por cuantos, quizá veinte, o sólo un caprichoso médico. Las opacas paredes vidriadas me devuelven mi imagen, me mantienen alejada de todo contacto con el exterior. Sólo cohabito con la aséptica blancura de una cama, un inodoro, un lavamanos, mesa, silla y una máquina de escribir con papel, que hace una semana le pedí a la enfermera, me hiciera el favor de traer. Y ese mismo día en la mañana me trajo, sin yo pedirlo, una semilla en un algodón húmedo y la depositó en el centro de la mesa. El doctor que me puso en estricta observación, ya me había sugerido el inicio de una serie de experimentos que, a su debido tiempo se llevarían a cabo.
    Todo había comenzado con esos extraños síntomas que poco a poco fueron transformando mi cuerpo y mente, antes de ello, no recuerdo casi nada de mi pasado, sólo que trabajaba en Investigación Genética Floral (IGF), y que cuando se desencadenó la extraña enfermedad, estaba a cargo de los efectos psicosomáticos de la Psiquis Aquaesporum, especie única de flor acuática que se encuentra en lagunas australes a gran altura.
    La flor, había sido utilizada antiguamente para alterar estados de consciencia, para alcanzar cierta telepatía o telequinesis, en otras palabras, era una flor altamente cargada de mitos y poderes extrasensoriales. Recuerdo que mi investigación consistía en la búsqueda de propiedades curativas de la planta para un posible medicamento contra una peste viral que estaba a punto de desencadenarse y, para la cual, el pronóstico hablaba de pandemia.
    No tengo idea como, pero de alguna manera inexplicable hice brotar la semilla en cuanto lo deseé, un brote se alzó a una velocidad imposible, y empezó a expandirse rápidamente dividiéndose el tallo en ramas, y las ramas en sub-ramas con hojas de un verde nuevo, las raíces crecían al mismo tiempo que las ramas y se retorcían en las patas de la mesa, forzando y perforando la superficie gris.


2

    Entrada la tarde, el tejido pronto llegaría a su fin, los palillos dialogan rápidos, mientras los ojos ancianos reposaban en el paisaje: un cuidado jardín de helechos, ligustrinas, flores y esculturas. En la mecedora, las rítmicas extremidades del gastado cuerpo seguían un juvenil vaivén en espera de un visitante.
    La escritora aparentaba unos diez años menos de los que tenía, y finas líneas se hilaban en el borde de los ojos, sobre la frente y arriba de los labios. Su cabello brillaba de cenizas que caían hasta sus hombros cubiertos por un chal de un verde oliva que entonaba muy bien con el paisaje.
    Por la entrada arqueada que daba al jardín, apareció el joven que hace quince minutos esperaba, se inclinó con un cálido saludo y se sentó junto a ella en un banco de madera. Enseguida entró la criada con dos tazas para tomar el té.
    -¡Me he enterado de que las cosas no andan bien más allá de los límites de la comunidad!- dijo la anciana con voz calma.
    -¡Me temo que no, la enfermedad ha ganado más terreno de lo abarcable, abuela, es una guerra contra un enemigo insuperable he invisible. La única manera de sobrevivir sigue siendo el aislamiento, cada vez son más las comunidades que se forman a los pies de la cordillera, como la nuestra, esta primera que tu has creado!- le respondió el joven.
    Las comunidades habían empezado a generarse paulatinamente hace unos veinte años en los suburbios cordilleranos, en antiguas parcelaciones que sobrevivieron a la devoradora ciudad capital. Familias y amigos habían decidido escapar de la peste y refugiarse entre seres queridos, creando cultivos y casas. Como máximo, las agrupaciones eran de unas doscientas personas, que se subdividían el terreno igualitariamente por cercos vegetales que unían cada vivienda con sus vecinos en un gran parque, el agua la conseguían de los deshielos y aún conservaban la tecnología que les permitía comunicarse con otras comunidades por medio de simples sistemas de energía solar.
    El ambiente de las comunidades era bastante próspero, la mujer más vieja se encargaba de la organización ciudadana, se preocupaba principalmente de racionalizar la comida, de embellecer los jardines, de las reuniones que se realizaban cada noche y de incentivar el desarrollo de las artes para obtener una mejor calidad de vida para los habitantes.
    -¡El aislamiento, ha sido fructífero para nosotros, pero debemos aprender a convivir con el peligro que nos acecha desde el exterior, no sabemos de qué rebuscada manera la peste podrá mutar y encontrar la entrada a nuestra pacífica guarida! ¡Debemos aprender a vivir con éste cáncer! De alguna inesperada y milagrosa manera hemos canalizado nuestro conflicto de muerte a un maravilloso sistema de vida, que está creando jóvenes como tú, querido, libres e individuales, la temida peste también a acabado con la falsedad a la cual estábamos acostumbrados en mis tiempos, de muchos males nos a liberado la peste, hijo, de muchos males!- acotó ella.
    El joven sacó una flauta que había hecho con sus propias manos y empezó a improvisar un canto al atardecer del día que se iba.


3

    Creo que hoy es mi cumpleaños, casi cumplo los treinta, y la planta de mi habitación parece más vieja que yo, se ha transformado en árbol, ha crecido en un par de semanas y manzanas crecieron de él, de ahora en adelante sólo me alimento de ellas y rechazo cualquiera de los comestibles que Marta, la enfermera, insiste en traer.
Lo del árbol, biológicamente es imposible, pero hace rato que deje de creer ciegamente en la ciencia, desde que conocí aquella flor, que a mi juicio es el portal a una realidad antes desconocida para mí y creo que para la mayoría.
Mientras tanto, la vida de mi habitación sigue creciendo, ahora un musguillo se expande alrededor del árbol, y creo que pretende acolchar toda la habitación, se que los médicos están boquiabiertos, yo misma lo estoy, pero para ellos es más difícil de comprender, ellos han construido un mundo estéril y yo, he abierto los ojos gracias a aquella flor.
Mi cuerpo no está exento de cambios, que se han manifestado en forma de mareos y dolores de cabeza, los recientes hemogramas que Marta me ha hecho, muestran una anormal abundancia de glóbulos blancos que parecen estar mutando en unos macrolinfocitos, megaestructuras de defensa, por lo que mi sangre es más clara de lo normal y así el color de mi piel. Mis ondas cerebrales también se muestran anormales y excesivas, los médicos creen haber detectado una nueva señal eléctrica suave y la están investigando, se muestran discretos conmigo y mantienen distancia, todo esto me lo ha secreteado Marta.
Un césped crece día a día en mi habitación, ya me he acostumbrado a observar cada mañana cuando despierto, los cambios de mi entorno, algunos insectos han hecho aparición y la aséptica pieza empieza a desaparecer. De repente tengo un súbito recuerdo, el jardín de la casa con frutales, el manzano semi robusto que daba unas frutas chicas y ácidas imposibles de comer, que siempre quedaban en el deseo. Sacó una fruta rosácea y la mordió, sorprendida de haber cumplido con un sueño de la infancia. Supongo que el sencillo hecho de desear no cambia nunca, pero los deseos mismos suelen volverse más complejos, hasta hace poco no deseaba más que el conocimiento de aquella flor, pero fue ella quien me sorprendió a mí, ella se develó ante mis ojos sin que yo pudiera dar conocimiento de aquello. Me dijo, ¿a quién buscas?, yo me sorprendí porque más que a un quién, yo simplemente buscaba un qué, la explicación creíble de lo concreto. Y ella dijo ¿A quién?


4

    Bebió un sorbo de la taza que sostenía entre tiritonas manos. -¡Todos estamos familiarizados con el miedo, también nosotros lo abrazamos a él, incluso, permitimos que viva en nuestro patio trasero, aunque nos cansemos cada vez más de esta situación! ¿Dependemos acaso del miedo?- Alzó la voz la anciana.
    Él recordó la imagen de un libro que había hojeado justamente esa mañana. Era una pintura perteneciente al barroco español, un Jesús sufriente en su cruz, el claroscuro exaltaba la carne luminosa y sangrienta, y su rostro gesticulaba del placer al dolor que lleva al éxtasis.
 -¿Es miedo a morir acaso, abuela?-preguntó con tono ingenuo.
    -¡El miedo se ha expandido ya como la sombra de la peste, la peste va elegantemente vestida de miedo diría yo. No sólo a la muerte le tememos, sino también a nuestras propias creencias, a nuestros líderes, y lo peor, a nuestra propia naturaleza. La peste no es una simple enfermedad viral, es también moral, ética, política y religiosa! ¡Hemos corrompido los pilares del Creer, ya están ultrajados por un dios del Miedo!- dijo con la voz cada vez más cansada pero aún así algo amenazante.
    El joven sostuvo los latidos de su cabeza con ambas manos. Las palabras de la anciana escarbaban como roedores inquietos entre los pensamientos ingenuos del muchacho. De alguna manera, un sentimiento de responsabilidad se asentó sobre él, como si toda esa información que lo había atragantado fuera su propia lucha personal, ahora la enfermedad se tornaba mucho más titánica. No se trataba de esconderse o aislarse para estar a salvo, la peste batalla en terrenos más íntimos y existenciales. -¡Entonces todos… la alimentamos, todos respondemos a ella como sus súbditos!- Dijo entre pensamientos.
    -¡Jaque Mate, hijo! ¡No te tortures! ¡También nosotros tenemos nuestras herramientas- Aunque él pensaba en armas. -No pretendas luchar con una sombra, no sea cosa que tus juveniles hormonas te cieguen, jamás será algo que podrás solucionar en una vida, querido, sólo Jesús, sólo Jesús!- dijo.


5

    No entendí al principio, ¿quién?, no existía un quién en mi vida, ni menos en esa investigación. Todo era objetivo y por lo tanto sin dudas, no tenía tiempo para responderme esa pregunta, me pareció un capricho de la flor, yo tenía una tarea mucho más importante, descubrir el antídoto para la peste que amenazaba a la humanidad.
    Pero la pregunta, involuntaria a mis intenciones, caló un hueco profundo y decidor, el comienzo de mi “enfermedad”, como la llaman los médicos.
    Poco después, aunque no alcancé a escribirlo en el informe antes que me encerraran, descubrí que la flor desprendía en partículas de éter, una droga de estructura molecular desconocida hasta el momento, a la cual se le atribuyen un sin número de poderes sobrenaturales. Sin duda debí respirar de ese éter, y ahora mismo estoy bajo los efectos de aquella planta. Los médicos se muestran escépticos con esta explicación que les doy, pero no me dan a conocer el diagnóstico, según ellos, confidencial.
    Pero esto no explica la pregunta que la flor me hizo, y por lo demás, la respuesta es algo que no puedo explicar más que con las manifestaciones que han estado apareciendo a mi alrededor, el deseo es el único puente que puedo descifrar entre ese árbol y yo. ¿Pero es el poder de ese deseo lo que me obsequió la flor, lo que me heredó y lo que cambió radicalmente mi manera de vivir?

Comentarios
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Macarena Sánchez  - Dont fax¡¡¡   |200.86.141.xxx |2008-07-15 20:22:38
...inspirador...ahhhh....
paola bannen  - Pvurgatio   |190.95.95.xxx |2008-07-13 17:03:20
Muy interesante , mantiene la tensión y el misterio , mezcla de realidad y
ficción ,la narración se va interpretando , como poder leerlo completo ?...
leonora  - un misterio   |164.77.174.xxx |2008-07-13 14:57:59
a quien buscas?...supongo que a nosotros mismos...
excelente,este relato es un
misterio por desentrañar.
felicitaciones a la autora,me interpreta,ojala
podamos leer la totalidad..asi sabremos a quien buscamos dentro de nosotros
mismo
Gerardo  - Muy bueno   |190.22.143.xxx |2008-07-10 20:46:45
Muy bueno, como consigo el resto?
Fernando  - ...   |88.73.23.xxx |2008-07-09 01:21:18
Porfavor... publicación completa!!, no hay derecho de dejarnos así!!

Al borde
de la silla.
Claudia Alvarez  - PVURGATIO   |200.104.8.xxx |2008-07-08 19:56:44
¡Brillante!
Es un relato claro, coherente dentro de su ficción que involucra al
lector de punta a fin.
¿por qué solo un fragmento?
Leo Quinteros  - Excelente   |201.241.128.xxx |2008-07-08 13:07:30
Concuerdo con que es una narrativa poderosa, agrego inspirada.
Felicitaciones,
que alguien lo edite en papel!
L
Maria Paz  - Más sobre la autora   |200.104.22.xxx |2008-07-08 07:53:21
Este cuento me recuerda algo así al fin de los tiempos.
Tiene una narrativa
poderosa.
Alejandro Garces  - Muy bueno   |200.104.22.xxx |2008-07-08 07:45:32
Hermosa historia podrían publicarla completa.¿esta autora es nueva?
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