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ENTREVISTA: Gonzalo Planet, “Siempre pienso en la trascendencia de la música” PDF Imprimir E-Mail

Por VICTORIA DE MARÍA

 Luego de escribir Se oyen los pasos -libro que recoge la historia del rock nacional desde 1964 al 1973-, el integrante de Matorral se volvió más consciente del registro de su propia banda. En el camino, además, comprendió que su mayor anhelo era lograr la trascendencia de la música. Aquí, sus reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro.

 Bajista y voz de la banda de rock y folk Matorral, nominados a los Premios Altazor 2008 en la categoría de Mejor Disco por su álbum Resonancia en la zona central, Gonzalo Planet es también periodista. Para su tesis de titulación desarrolló la base de Se oyen los pasos, libro que publicó en 2004 (y su reedición más completa en 2007) donde recoge la historia del rock nacional desde 1964 al 1973. Aplaudido por la crítica, quienes lo han leído coinciden en sus méritos: la cantidad de material que recoge a través de entrevistas a músicos, abarcando sesiones de grabación, sitios y condiciones donde tocaban, usos de drogas, difusión de radio y revistas y su relación con otros movimientos.
    Entre teoría y realidad, imposible no indagar en sus reflexiones.

- ¿Cuánto tiempo duró tu investigación hasta terminar Se oyen los pasos?

    La investigación con el libro en mente duró dos años, pero antes de eso había recopilado durante un buen tiempo mucho material sin un fin específico. Inevitablemente todo derivaría en el libro.

 - ¿Cuántas veces lo has leído?

 Mis últimas lecturas fueron para integrar los agregados de la segunda edición.

- Y cuándo lo lees, ¿qué reflexiones sueles construir cuando repasas el trabajo de investigación que involucró? Casi toda la crítica lo aplaudió… ¿qué sientes tú al volver a ojearlo?

    Al leer el libro siempre pienso en la fragilidad de nuestra memoria a nivel país, de hecho mi principal motivación para escribirlo fue la falta de información sobre esta primera generación rockera creativa. Es bien interesante conocer cómo se desarrollaron bandas como Los Vidrios Quebrados en un período bien hostil y muy conservador para cualquier expresión contracultural. Es curiosa también la lectura local sobre el rock durante esos días, muy ligada a las clases altas y por lo mismo despreciada por la vanguardia intelectual de la Unidad Popular, en parte también por su carácter extranjerizante. Por eso, aunque escribí de una generación que no viví, siento que el libro también tiene mucho de mí. Lo terminé a los 23 años y sus páginas capturan indirectamente mi admiración y sorpresa ante las canciones, los discos, las imágenes y las personas que descubrí a lo largo de la investigación. Pienso que fue muy bueno escribirlo a esa edad porque ahora soy un poco más escéptico frente a varios entrevistados. El libro hoy habría sido distinto.

- ¿Qué anécdotas te ocurrieron en el camino que sean dignas de contar?

    Varias. Reuní a dos amigos que no se veían por décadas y no terminaban de agradecérmelo. También entrar al patológico mundo de los coleccionistas de discos fue una verdadera odisea. Pero lo más divertido fue haberme enterado -ya publicado el libro- que uno de los personajes que por tanto tiempo intenté entrevistar fue novio de mi mamá.

- ¿Cuál es tu mirada del trabajo que recopila el libro? ¿Sientes a estas alturas que le faltó o sobró algo?

    Creo que el libro es bien completo, riguroso y detallado sin ser aburrido. Me preocupé mucho de eso porque no quería que Se oyen los pasos fuera sólo trivia para conocedores. Siento que no es un libro sólo de música, sino sobre un Chile que ya no existe, mucho más ingenuo. Con lo poco que se escribe sobre música popular, sin duda que otras décadas merecen su recuento, cada una tiene ejes particulares que hacen muy interesante esta historia.

- Cuando uno se mete a investigar materias que además de interesantes tienen una gran cuota de pasión personal uno termina rayando con los entrevistados. ¿Te pasó con alguno de ellos? ¿Estrechaste algún vínculo a partir del libro?

    Uno de los discos que más me gusta de esa generación es Fictions (1967) de Los Vidrios Quebrados. Fue el primero que escuché cuando estaba en el colegio y tuvo mucho que ver en decidirme a escribir el libro. Recuerdo que me puse bien nervioso cuando contacté al ex integrante Juan Mateo O'Brien para entrevistarlo. Juan Mateo resultó ser un tipo muy inteligente y divertido al que sigo viendo de vez en cuando. Según él, por mi culpa todos lo recuerdan por un disco que grabó hace más de cuarenta años, y nadie pesca los libros que ha escrito.

- Las bandas son como una familia y en ella se dan todo tipo de procesos y quizás con el pasar del tiempo uno comprende muchas cosas de ellas. Luego de escribir y publicar Se oyen los pasos, ¿cambió tu forma de ver la historia y el proceso que ha tenido Matorral?

    No sé si cambió mi visión, pero estoy más conciente de muchos aspectos. Por ejemplo, me sorprendía que muchos músicos que entrevistaba no conservaran sus discos o fotos de sus bandas. Siempre pienso en la trascendencia de la música porque cuando uno publica un disco nunca sabe dónde va a parar, las canciones pueden viajar por años, incluso perderse y reencontrarse con un público nuevo que se pregunta cómo surgieron y qué historia tienen detrás. Sin ser pretencioso, siempre pienso en la posteridad al trabajar con Matorral y eso me ha llevado a tomar ciertas determinaciones.

- Te centraste en la historia de las bandas chilenas entre el 63 y el 73 para elaborar el libro. Si tuvieras que trazar líneas para uno que abarcara la historia musical del 90 hasta hoy, ¿qué mapa de ideas dibujarías?


    El cambio tecnológico mundial ha incrementado enormemente la cantidad de música que circula, y en ese sentido destaco la diversidad de propuestas que se pueden escuchar hoy en Chile. Es innegable también el valor de la escena independiente al desarrollo de la música local, la historia ya no la escriben las multinacionales como en el siglo XX. En una industria que se cae, tendría en cuenta a quienes hacen buenas canciones y buenos discos aunque no signifique un gran negocio.

- En alguna entrevista comentabas que hace 40 años un músico que construía su propio instrumento era considerado pobre, y hoy, casi un héroe. Es decir, la precariedad es un tema constante que envuelve a los músicos en Chile. Pocos viven sólo de la música, los que lo hacen son considerados casi kamikaze y al que le va bien o muy bien, lo critican muchas veces como vendido. Es como de locos, porque todas las posturas son complejas. Teniendo en cuenta tu trabajo de investigación y lo que has vivido con Matorral, ¿por dónde crees que va alguna posible solución?

    Afortunadamente el tema de la precariedad se ha ido solucionando en parte gracias a la tecnología. Sin duda el tema es complejo y no me atrevería a dar soluciones, pero ante este frágil escenario muchos músicos hemos optado por llevar una doble vida en la que hemos asumido que la música no nos dará de comer, por lo que hay que desarrollar actividades paralelas mejor remuneradas que nos ayuden a financiar nuestra vida, y si se puede, nuestros proyectos. No sé si es bueno o malo pero ese sería mi ideal, porque desde hace mucho tiempo que estoy dedicado exclusivamente a la música, con hartos sobresaltos económicos en realidad.


- Eres periodista, tocas en Matorral y escribiste este libro. Supongo que sueles conversar con muchos entendidos en lo tuyo, pero también con el típico chiquillo que escucha porque le gusta de oído un tema y tiene sus gustos sin mucho más conocimiento. A su vez, muchos periodistas especializados en música son verdaderos ratones de biblioteca, enciclopedias caminantes que pueden dar lecciones de la historia de la música, pero en la práctica de alguna forma son músicos frustrados. ¿Qué mirada tienes del público que escucha y consume música hoy en día?

    Puede sonar raro pero diría que no me quedo ni con el pánfilo ni con la enciclopedia con patas. Claramente como mi oficio es la música sé mucho de ella, leo libros sobre el tema porque me interesan y poseo muchísimos discos que aprecio, pero no tengo ese nivel de fanatismo tipo Alta fidelidad. Con los expertos en la técnica indescifrable del guitarrista de Deep Purple me aburro rápidamente. De hecho no es tan común encontrar esas características fanáticas en los mismos músicos, en general se toman como más normal el asunto. En mi caso me interesan más los procesos y relaciones sociales de la música en todos sus ámbitos en vez de la trivia, que puede ser divertida pero por un rato.
    Sobre el público auditor de hoy, creo que hay una gran diversidad como todo en esta época. Está el fan acérrimo, el que hace zapping de canciones, el que sigue un estilo en particular, el que escucha sólo clásicos... en fin. Tengo una contradicción aquí porque, en general, creo que la sobreoferta actual de música hace que el público a veces no valore lo que escucha. Pero por otro lado, ¿cómo resistirse o negarse a conocer más canciones si a nadie le cuesta conseguir el lanzamiento más reciente de quién sea?
    Siempre se acercan personas a los conciertos de Matorral a compartir sus opiniones sobre la banda, es entretenido escucharlos. A veces los comentarios son bien evidentes pero en otras uno se sorprende. Diría que aprecio la paciencia de quienes escuchan a Matorral, ja. No es una banda difícil ni mucho menos, pero tratamos de no ser tan obvios en muchas cosas, lo que puede desconcertar a algunos. Por ejemplo, nuestro último álbum fue doble, justo ahora que nadie quiere ladrillos sino mp3 sueltos y ojalá cortos. Nuestro arte gráfico tampoco fue tan amable, como que te obligaba a que entraras o lo dejaras pasar. Todo esto sin ser arrogante, claro.

- Cuál es tu mirada sobre los medios y su relación con la música. ¿Qué le falta a los medios para ser un real aporte para que las bandas trasciendan a lo largo de la historia?

    Creo que a muchos medios les falta voluntad, no más. Casi no hay vitrinas en la TV para los músicos, menos para tocar en vivo. Muchas radios también son complicadas, ¿cuál es la excusa, ahora que las grabaciones independientes tienen altos niveles de calidad? Chile sigue funcionando como un fundo en muchos aspectos, siempre hay que tener una buena llegada a personajes claves. Pero así funciona con la música chilena y no con la extranjera, que se toca tanto, tanto, tanto, y sin cuestionamientos ni obstáculos. Cuando los extranjeros sintonizan radios locales, quedan muy sorprendidos que casi no haya música chilena, no lo entienden. Es triste en ese sentido con los medios masivos, afortunadamente ahora hay otros en internet y radios más alternativas. Así como los sellos transnacionales ya no escriben la historia, creo que los medios más alternativos están registrando las aventuras y desventuras de la escena. Igual uno no se puede quejar que no hay vitrinas, sólo que no tienen tanta exposición.

- Habiendo hecho y escuchado tanta música, qué consideras convierte un tema en un clásico por décadas.

    Supongo que un tema que combine una melodía cautivante, más allá de su estilo musical, con un clara representación de las inquietudes y el sentir de un sector de la sociedad en un momento determinado. Pienso en eso cuando escucho Los momentos de Los Blops o La voz de los '80 de Los Prisioneros.

- Y de la música chilena que se ha hecho en los últimos 10 años, qué temas y/o bandas crees que serán recordados en 30 años más como un clásico en su género.

    Qué difícil. Me cuesta responder por la cercanía que tengo con muchísimos músicos, y porque es complicado situarse a tanto tiempo. ¿Qué estaré haciendo en 30 años más? ¿Cómo habrá cambiado Chile?
    Creo que en cuanto a bandas, Guiso será recordado porque de alguna manera se ha convertido en el símbolo del trabajo de autogestión que ha caracterizado a gran parte de nuestra generación, que no está en los medios masivos pero que publica material de gran calidad y ofrece buenísimos shows incluso en el extranjero, por lo que es exitosa dentro de sus parámetros.
    Sobre canciones clásicas, me aventuro con dos de Leo Quinteros, Invisibilidad e Inundándonos, porque sintetizan muy bien el pulso del Chile de principios de siglo.


Victoria De María
Acerca del Autor:
Victoria de María es periodista de la Universidad Católica. Actualmente trabaja colaborando para distintos medios. 
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