Skip to content
Bailando con los feos PDF Imprimir E-Mail

Por Antonia Campos

Me fascina la nariz desproporcionada de Adrien Brody; la obesidad mórbida de Michael Moore; la semejanza con un cadáver de Tim Burton. Sospecho haber tenido más de alguna fantasía con Don Ramón, y me casaría con José Miguel Insulza, Serge Gainsbourg o Steve Buscemi.

Cuando se me pidió escribir algo sobre la belleza, dos pensamientos aparecieron en forma simultánea. Uno: el significado de la belleza. Lo busqué en el diccionario de la Real Academia Española y resulta que se define como “propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas”. Me encanta la parte de “deleite espiritual”: creo acertada esta combinación de palabras para entender por qué lo bello es bello, y por qué escribimos sobre lo bello, y por qué algo tan ambiguo como la belleza puede convertirse en un tema de discusión.

Se podrá rebatir que los criterios para definir lo bello y lo feo tienen un fuerte componente subjetivo y cultural –incluso se podría acusar a la columnista de superficial y fascista porque la verdadera belleza va o debería ir por dentro– pero yo prefiero quedarme con la explicación científica de un amigo que estudia en Harvard y que, por lo tanto, supongo que algo sabe de definiciones académicas. Según él, lo que consideramos bello en el sexo opuesto son los indicadores de buenos genes para procrear. De ahí la atracción por las caderas anchas, las espaldas contundentes, los pechos exuberantes, los rasgos puros. ¿Era Aristóteles el que hablaba de armonía como una virtud? ¿Era un mito eso de que los espartanos mataban a los bebés que nacían deformes?

 Como sea, la fealdad me parece mucho más interesante que la belleza (segunda reflexión). No es que tenga una predilección por lo feo; no adhiero a los cultos fetichistas por deformidades o anomalías físicas. Pero recurramos a un lugar común: en el mundo que nos tocó, la belleza manda. “Usted no puede pasar / la fiesta no es para feos”, decía una (mala) canción de Garibaldi. Lo feo me interesa porque tiene que nadar contra la corriente mil veces más fuerte que cualquier invento que se haga llamar contracultural o under o alternativo. Lo feo es lo único inaceptable. La gente puede ser mentirosa, estúpida, cobarde y hasta homicida, pero si es linda tiene el perdón de los hombres (que, para efectos de esta vida, es más importante que el de Dios). Los feos, en cambio, nacen con un handicap colosal: no nos deleitan espiritualmente.

Y, sin embargo, a veces sí lo hacen. Y ahí es cuando la fealdad deja de ser interesante y empieza a ser fascinante. Me fascina la nariz desproporcionada de Adrien Brody; la obesidad mórbida de Michael Moore; la semejanza con un cadáver de Tim Burton y, por cierto, la de su esposa Helena Bonham Carter. Me asaltan pensamientos impuros cuando miro los labios grotescos de Tricky o a cualquiera de los decrépitos Stones contorsionarse sobre un escenario, y comprobé en vivo y en directo el atractivo desmedido que ejerce Adrián Dárgelos, vocalista (muy feo) de Babasónicos. Sospecho haber tenido más de alguna fantasía con Don Ramón. Me casaría con José Miguel Insulza, Serge Gainsbourg o Steve Buscemi (no así con Julito Martínez) y envidio el estilo mi-piel-se-cae-a-pedazos-y-qué de Amy Winehouse. Y creo firmemente que el caso de Michael Jackson –votado como el más feo en casi todos los sitios web que discuten el tema de los famosos más feos– debe ser catalogado como demencia y no fealdad.

No sé por qué algunos feos son tan atractivos. No caigamos en la trampa de quienes explotan su fealdad como opción estética, como Marilyn Manson: éstas son personas normales que simplemente no cumplen con los cánones que dictan las alfombras rojas. Ellos entran por la alfombra negra y arrancan suspiros. Supongo que a eso le llaman talento. Supongo que me gustan porque, en un mundo de silicona, se agradecen los respiros de imperfección. Como los de Betty la Fea, que a ellos debe su éxito. Como los propios.


Antonia Campos
Acerca del Autor:

ANTONIA CAMPOS
Antonia Campos es periodista de la Universidad Católica. Actualmente trabaja colaborando para distintos medios.

Leer Más >>
Comentarios
Buscar
Rodrigo Domínguez  - fe de errata   |190.45.206.xxx |2008-07-31 11:49:00
dice "lo", debe decir "los"
Rodrigo Domínguez  - Te gustan los feos famosos   |190.45.206.xxx |2008-07-31 11:47:33
¿que pasa con feos de tu vida, lo reales?

¿tenías fantasías con los feos
anónimos?
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

3.21 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 
< Anterior   Siguiente >

Proyecto financiado con el aporte de:

Advertisement

Top

Habitar

Por DAVID VILLAGRÁN


Leer más...
 
Aeropuerto y otros poemas

Por ALEXIS CASTILLO

Leer más...
 
El Tarot de la Carretera

Por MANUEL ILLANES

 


Leer más...
 
Matria (Selección)

Por ANTONIO SILVA

la ópera fue ensayada día y noche, una pieza
sentimental para los comensales
una pequeña ventanita de cholguán y visillo
color muerto permite al lector fisgonear –y por
qué no reír de la india travestida de selva lírica.


Leer más...
 

John Ashbery

Traducido por TOMÁS COHEN


Leer más...
 
Fragmentos de "Baa Mithl Beith Mithl Beirut"

Por CLAUDIO GAETE BRIONES

Imane Humaydane-Younes nació en 1956 en Ayn Enoub, pueblo libanés de la montaña drusa. Durante las confrontaciones regionales y luchas interiores que ensangrentaron el Líbano entre 1975 y 1990, ella vio vaciarse su región de una gran parte de sus habitantes. Actualmente vive en Beirut, donde realiza un estudio sociológico sobre los desaparecidos durante la guerra.


Leer más...
 
3 Poemas de André Breton

Por FRANCISCO FALCATO

Leer más...
 
Poemas de "Poèmes en Prose" (1915) de Pierre Reverdy

Por FRANCISCO FALCATO

MÁS LEJOS QUE ALLÁ

En la ventana pequeña, bajo el tejado, mira. Y las líneas de mis ojos y las líneas de los suyos se cruzan. Tendré la ventaja de la altura, se dice a sí misma. Pero enfrente cierran las persianas y la atención incómoda se inmoviliza. Tengo la ventaja de tiendas que mirar. En fin, sería preciso subir o vale más bajar y, brazo con brazo, vámonos fuera donde nadie nos mire.

Leer más...
 

Narrativa

S (s) y la no historia

Por CLAUDIA APABLAZA


Leer más...
 
Para llevar

Por BEGOÑA UGALDE

 


Leer más...
 
Mapas

Por JUAN SANTANDER

 


Leer más...
 
La Fortaleza

Por CARLOS LABBÉ

Invocación

Mal dirigidas, las palabras pueden hacerte más daño que un enemigo o alguien que te desea la muerte.


Leer más...