La belleza de...

Por VADIM VIDAL

Siempre leo columnas. De las que salen en los diarios a un costado de la página, a la antigua. Las que terminaron de matar los blogs y su odiosa democratización de contenidos.

 

 
 Me encanta leer a Beltran Mena y Andrea Palet en Artes y Letras, a Bisama en Revista de Libros, a Zambra en Cultura de La Tercera y a Garcés en LND. También a Navia y a Cavallo, pero prefiero las columnas que no hablan de temas contingentes, que no analizan los desaciertos del gobierno, prefiero las que tratan de nada en particular. Esas ventanas que nos hacen saber que a los demás les pasan cosas como le pasan a uno. La única cercanía que producen los diarios con quienes los leemos.

Pero de entre todas las columnas que se publican hoy en Chile, la que sigo como si se tratara una novela por entregas es la de Cristián Warnken. No por morbo, ni por entrar en esa catarsis colectiva que vino después de su columna "Clemente". Ni tampoco porque sea un retrato vivo de un duelo. Y esté escrita con una cercanía que conmueve, ni con un dolor contenido muy parecido al amor (Lo que ya es un regalo en un matutino de circulación nacional).
 
La sigo porque da una pausa en el día. Porque hay que tomarse su tiempo para leerla y obliga a hacerlo en papel, donde (lo siento) siguen publicándose las cosas que vale la pena atesorar.
 
De hecho, desde aquella primera columna del 27 de diciembre del año pasado que tengo un rito para leerla. Llego a mi escritorio, saco el cuerpo del diario y bajo a la cafetería para leerla afuera, donde no hay nadie, mirando al prado. Después me doy una vuelta por el jardín y vuelvo a la oficina. En la primera tuve que respirar hondo, en las otras sólo dar la vuelta y retomar el día.
 
La leo justamente por eso, porque desmorona el reinado de la inmediatez y el feedback y retrotrae al tiempo donde leer -incluso los diarios- era un rito, una espera, una calma y una reflexión. La sigo porque es casi lo único que se publica periódicamente hoy en Chile que requiere de un silencio después de la lectura. El silencio donde se completa lo leído.
 
Lo que hace la buena literatura a fin de cuentas.
 
La cuota de belleza de un jueves en la mañana. No ya la belleza de pensar. Sino la belleza de sentir.

 

 


Vadim Vidal
Acerca del Autor:
VADIM VIDAL
Vadim Vidal tiene 34 años. Estudió Literatura en la Universidad Católica y Periodismo en la Universidad de Santiago. Desde el 2002 escribe en El Mercurio: Zona de Contacto en papel, Sociedad y Actividad Cultural, además de revista Wikén. Actualmente es coordinador periodístico de zona.cl. Fue editor de la revista literaria Barco Ebrio, del colectivo del mismo nombre. Tiene una hija que se llama Guadalupe y una pareja que se llama Carola, quienes ocupan el podio de sus preocupaciones. Al cierre de esta edición aún no tenía facebook.
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Comentarios
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José  - wuá   |190.22.37.xxx |2009-03-14 15:10:26
qué acierto he encontrado en el mundo cibernético!
Camila  - Gracias   |200.50.119.xxx |2008-08-14 09:11:43
te agradezco, porque me hiciste reflexionar sobre lo que realmente vale la pena
inmortalizar en un papel, y no solo desplegarlo en la web, que a fin de cuentas
es mas practica pero menos segura...
tambien me doy tiempo de hacer esas
cosas que atesoro, como leer una buena columna en calma, y son pocas las que leo
y merecen un minuto de silencio despues...
es buena tu postura... aunque
paresca un poco dramatica y romantica para estos dias... somos pocos lo que que
apreciamos la verdadera belleza
por eso Gracias...
Felipe  - Sensaciones letradas   |200.12.27.xxx |2008-08-11 15:54:58
Buena Vadim, sólo puedo estar de acuerdo contigo en que no son pocas las cosas
que hay que leer en papel, aún cuando se puedan encontrar en Internet.
El
papel sigue entregándonos la posibilidad de llevarlo a todas partes, de tocarlo
y olerlo, de mancharnos con su tinta, en resumen, de hacernos sentir como bien
dices tu.
Remiso  - comentando la colu de vdm   |190.160.50.xxx |2008-08-11 15:53:58
El papel está muerto. Te falta tener un blacberry para leer en cualquier lado el
diario. Y ya estas listo.

Ahora no sé. Warnken lo encuentro medio engrupido.
Aunque igual leo sus columnas.Lo encuentro más engrupido con su belleza que es
más fealdad retórica que otra cosa.

respecto a tu colu, le pongo un 6. La
defensa de las tradiciones como parte de lo que te complementa, está medio de
viejo chochero ( bueno, es parte de tu vejez). Me suena a los que defienden la
radio, pura nostalgia.

Lo chistoso es que dices que en el papel está lo que
se atesora. Entonces lástima que tu columna esté en la web.

Saludos. Y gente
qué le pasa que no comentan? ah? una persona sin opinión no es persona no sabían
ah ? ah? ya partieron a escribir.
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