RESEÑAS: Jarmusch

Por VÍCTOR QUEZADA

 Estoy cansado de este libro. Quédatelo. Y lo lanza sobre la mesa. La ventana ilumina apenas el lugar, los flancos de cada uno de los cuerpos que lo habitan. Yo estoy cansada de estar sola. -Todos estamos solos. Y esta última frase es ridícula como la adolescencia de los hombres es ridícula.

 

 

Así comienza la historia cinematográfica de Jim Jarmusch, nacido en Akron, Ohio, en el año 1953. No alcanzaba los treinta años cuando filmó su primera película con la ayuda y consejos de Nicholas Ray (director, entre otras, de Rebelde sin causa) de quien fue ayudante mientras estudiaba en la New York University Film School.

 Hablamos de Permanent Vacation (1981), película que intenta contar la historia del comienzo de un viaje doble: el del hastío de un adolescente decididamente solitario y marginado en New York, algo así como un provinciano en Santiago, que decide volver de alguna manera a reconocer su inestable identidad visitando a su madre internada en un sanatorio, pero que, por supuesto, no hace más que acentuar su huerfanía (que es la orfandad del individuo moderno en una ciudad tecnificada y presente por elusión en este romanticismo persistente de Jarmusch). Un viaje de formación que comienza al finalizar la película, cuando en el puerto, aprestándose para partir a una Francia que es todavía un malentendido centro cultural, se encuentra con otro joven ahora francés recién arribado a New York, su contrapartida. Difícil es no recordar a Huidobro, Juan Emar o a aquellos infantiles espíritus latinoamericanos “potentes de orfandad” de principios del siglo XX.

 Y, también, es el comienzo de la historia de unos cruces que configuran toda la cinematografía de Jarmusch, culminando con Bill Murray en Broken Flowers (2005) indeciso frente a los dos caminos en que se bifurca el recto camino de encuentro con su hijo perdido. Situando así el mismo nivel de ambivalencia que por ejemplo en Stranger than Paradise (su segundo largometraje, 1984) representa Bela Molnar (John Lurie) a través de una conflictiva relación con su origen húngaro, disfrazado de new yorker. Niega a toda costa su pasado, su idioma, incluso cuando su prima Eva (Eszter Balint), recién llegada a los States desde Budapest, le pregunta si él es acaso su primo Bela Molnar, este responde incontestable: No, solía serlo. Dime Willie. Y su nombre es el signo de la soledad, el viaje adole(s)cente que cree que un comienzo debe ser radical y nuevo, absolutamente moderno.
Sin duda, dentro de este viaje ambivalente, la escena más teñida de ternura y esperanzadora, menos angustiosa, se encuentra en Down by law (1986), la sencilla historia de Zack, Jack y Bob (Tom Waits, John Lurie y Roberto Benigni), tres convictos que emprenden el tránsito desde una marginal soledad hacia la amistad y la bondad  implícita en el hombre: el nivel donde la sinceridad logra desasir de sus disfraces de sujetos duros a Jack y Zack, todo gracias a Bob, este italiano apostador y tramposo que llega a la cárcel por haber matado a un hombre en graciosas circunstancias. Roberto Benigni, en un papel encantador, le da esa chispa de alegría al movimiento anecdótico (eventual) hasta ahora sostenido por las películas de Jarmusch y que luego es elevado a una diferente proporción -casi mítica (ritual, más bien)- en Dead Man (1995). I scream, You scream, We all scream for ice cream, debe ser la manifestación de libertad del individuo dentro de la sociedad más emocionante en toda la filmografía de este director.

 Características, las de arriba, que se clarifican en Mystery Train (1989), tres cortos que encuentran cohesión en los cruces que establecen sus personajes durante una noche en un hotel de Memphis, junto al fantasma de “Elvis” y el estudio Sun records, y logran una coherencia autorial donde la anécdota (la historia mínima y no necesariamente continua) ahora se sitúa como procedimiento de una poética que quiere manifestar el viaje de los individuos por el desarraigo, la incomprensión y extranjería, que son a la vez que sus temas principales, al parecer, las particularidades del hombre moderno.


Víctor Quezada
Acerca del Autor:

Víctor Quezada. Antofagasta, 1983. Poeta. Licenciado y magistrando en literatura por la Universidad de Chile. Participa como editor y administrador del blog sobre literatura y crítica literaria LA CALLE PASSY 061. En diciembre de 2004 publica su primer libro de poesía titulado 20. Contribuyó en el 6º número de la revista de poesía española La Estafeta del Viento, número dedicado a la poesía chilena. Ha participado de talleres, encuentros y congresos como el taller de poesía Códices, a cargo del poeta y académico Andrés Morales (2004) y el taller de poesía de la Fundación Pablo Neruda (2007). Participó del primer y segundo encuentros de poetas jóvenes Poquita Fe. Santiago (2004 y 2006). También en el Primer Congreso de Poesía Chilena del Siglo XX. Universidad de Chile. Santiago (2006).
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