EDITORIAL: La ley del deseo

Hay algo de cierto en el cliché de pensar en Chile como un país adolescente. Durante los últimos años, nuestro púber país ha sufrido una fuerte explosión de feromonas y nos hemos aproximado, lentamente, a nuestra sexualidad. 

 

 

¿Cuál era la razón para mantener una parte tan fundamental de la vida de las personas en el plano de lo tabú y lo indecible? Mi primera teoría tiene que ver con miedo. Partiendo de la base de que vivimos en un país muerto de miedo, incluso ahora, cuando la amenaza no es concreta ni tiene rostro, tenemos miedo. Miedo a traspasar los límites de lo permitido. Miedo a salir del camino que a alguien se le ocurrió era el correcto. Y el miedo es hondo y llega hasta nuestra naturaleza más profunda. Y por qué no pensar que cuando se reprime al ser humano, se reprime también el deseo. Su parte más animal. Y así quedamos. Reprimidos. Incapaces de asumir nuestra sexualidad. Nuestras ganas. Una represión que se refleja en la clásica escena del anónimo hombre que deja deslizar una casi incomprensible cochinada/piropo al cruzarse frente a frente con una señorita. Qué metáfora.

Ahora bien, decíamos que nuestro joven país está despertando a su sexualidad y a sus propios deseos en general. Mi segunda teoría tiene que ver con la culpa. Supongamos que nos hemos ido liberando de la culpa del deseo. La culpa que nos reprime esas emociones que nos conectan con nuestra naturaleza profunda y nos hacen desear. Y claro, todo el desarrollo de la sociedad moderna ha tenido que ver con imponer la razón y consecuentemente reprimir todo lo que esta no pueda explicar. Por ende, la culpa de sentir emociones absolutamente irracionales. Que nos alejan de nuestra “humanidad”. Que nos vuelven animales. Pero la tendencia racionalizadora ya es pasado y no es arriesgado decir que hoy somos un poco más libres para dejar fluir esos sentimientos que se presentan de manera irracional.


Estamos enfrentándonos a nuestros deseos. Y claro, siempre en el límite de parecer frívolos o hedonistas si es que sólo nos dejamos llevar por ese deseo, pero no si es que lo miramos como un proceso. Ahora se habla de sexo, se experimenta y se comparte. Se tematiza más allá de la broma doble sentido.

Las formas que se ha expresado este proceso son variadas. En esta edición, los invitamos a conocer algunas.


Carmen García
Acerca del Autor:

CARMEN GARCÍA
Carmen García (Santiago de Chile, 1979) es poeta y socióloga. Fundadora y directora de proyectos de Plagio, ha participado en la organización de diversas actividades culturales, entre las cuales destacan las dos versiones del Ciclo de Poesía Escrita por Mujeres, el concurso de cuentos breves Santiago en 100 Palabras y la publicación de Revista Plagio. El año 2000 recibe la Beca para la Creación Poética Joven de la Fundación Pablo Neruda. El 2003 integra el taller Premio Mustakis/ Biblioteca Nacional, dirigido por la poeta Elvira Hernández. El mismo año, es distinguida con la Beca de Creación Literaria para escritores noveles del Consejo Nacional del Libro y la Lectura para la realización de su libro “La Insistencia”, publicado el 2004 por Libros de la Elipse. Durante el 2004, forma parte de la Comisión Asesora Presidencial para el Centenario de Pablo Neruda. El 2005 es distinguida con una Beca Fulbright para estudios de postgrado en Estados Unidos. Desde agosto de 2006 y por un año reside en Nueva York. El 2007 gana la Beca de Creación Literaria del Consejo del Libro para escritores profesionales para la escritura de su segundo libro.

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Comentarios
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Fernando Cristi  - la sexualidad infantil   |190.45.218.xxx |2008-10-09 18:10:56
Dos reflexiones: en la cultura de nuestro país, predomina una religión
cristiana. ¿Cómo fue concebido Jesús? Por gracias divina la VIRGEN María tuvo a
Jesús sin ser penetrada, es virgen, pura, no está manchada, por consecuencia,
aquellos que tuvieron hijos están manchados pues fueron penetradas... la
sexualidad es una mancha.
Segunda reflexión: la sexualidad queda reprimida por
una cuestión simple: el recién nacido tiene placeres sexuales iguales que los
adultos, los lleva de destinta forma, pero los tiene al fin, él, desea a su
madre, pero como nuestra cultura tiene como fundamento la prohibición del
incesto, el padre llega ahí para "castrar", tanto a la madre como al
niño: "no desearás a tu madre, y tú no incorporarás a tu hijo".
COnsecuencia de ello el niño oculta su sexualidad reprimida de haber deseado a
la madre y este tema pasa a ser tabú. (Leer Totem y Tabú, Freud)
Saludos
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