Mapas

Por JUAN SANTANDER

 

Dentro de la casa, cuando hace frío, los mapas sirven como distracción para gente como nosotros, que no viajamos a las grandes capitales y  vivimos en un barrio hacia el sur de la ciudad. A veces, hablamos de los mapas que hay en esta casa y nos preguntamos dónde están los istmos o los deltas que queremos conocer. Tomamos once pensando yo en el Orinoco y, creo, tú piensas en el mar de Mármara o en Anatolia.  Yo sé que te gustan esos lugares, aunque a veces te pregunte por qué.  Lo bueno de estos mapas es que no nos marean con detalles y, por supuesto, obviamos los datos de cada república y sus límites para centrarnos en lugares físicos que nos gustan y no sabemos muy bien por qué. ¿Quién sabe por qué le gusta más un lugar que otro?

Así, un día me fijé en cómo mirabas el río Congo. A mí siempre me ha gustado y creo que nadie sabe dónde nace. También sé que te gusta México, porque siempre buscas tal o cual ciudad en los mapas que tenemos a mano. Tener un mapa a mano. Es una buena frase, sin adjetivos. Los mapas carecen de adjetivos, y lo que es más curioso, prescinden de verbos. Esto no quiere decir que no haya acción o, que al menos, veamos acción en ellos. De hecho, este aparente movimiento de los mapas nos hace imaginar cómo los inquietos hombres de  las épocas viajaron por ellos del mismo modo que ahora se nos enfría el té pensando en Guinea Ecuatorial.

     Una vez, cuando veíamos el mapa de Europa como tantos de nosotros lo hacemos, me señalaste los países al sur del mediterráneo, y aprendí que sus límites, hechos como con una regla, se deben a que  así los repartieron los del norte. Los límites entre todos los países en los mapas son curiosos, y hasta hay algunos que parecen como dentro de otros. En esta materia somos ignorantes. Nos resulta un poco extraño que haya países dentro de países, como dentro de nuestra casa hay mapas que hojeamos y sobre los que a veces  peleamos y lloramos.

        Yo te dije una vez que para nosotros eran los mapas. Esa vez, sentados en el comedor, vimos el Mar Caspio y las Islas Aleutianas. Porque ver el mundo es nuestra forma de comunicarnos. Nunca vamos a estar en la península Yamal, pero pienso que a veces, cuando tomamos los mapas con nuestras manos, éstas se abren como pequeños continentes en formación u océanos, esos que se ven tan quietos en los mapas. Cuánto sabemos que eso no es así.  

Tú irías al delta del Nilo y señalas  Irán y sus montañas. A mí me gustaría ir a China o a la Bahía Hudson, que es uno de los accidentes más grandes que pueden verse en los mapas que tenemos. En fin, no salimos mucho y a veces yo escucho de conocidos que han visitado algunos países. Nosotros tenemos los mapas, que por supuesto no son mejores, pero nos recuerdan a nosotros. Como esa vez que quisiste ir a Beirut y no tenías puesta tu ropa de verano.

Tú sabes que el lugar del mapa que más me gusta es América del Sur,  y que cada vez que veo esa forma me  da pena. Pero el Amazonas es perfecto en sus  afluentes y lo que más me gusta, aunque sea tan común y sonso, es la cordillera de los Andes. Quiero pensar que es por su magnífica presencia en los mapas y no porque la veo todos los días. No es un secreto para mí que a ti te gusta Arabia, el Desierto del Sahara y Palestina. Ojalá que algún día vayas y los veas con tus ojos, y te olvides de los mapas.

Comentarios
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Artur Cravan  - Mapas   |200.83.162.xxx |2008-09-30 10:56:18
Me encantó. Creo que, junto al epílogo del Hacedor, es una justa aflicción
cartográfica.
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