Editorial: Sobre el buen comer

Debo decir que nunca comí algo como arroz con huevo, ni nada que no requiriera de una sigilosa elaboración.  En mi casa, comer funcionaba como una suerte de ritual de comunicación para la familia.

 

De las primeras cosas que escribí, aún conservo un cuaderno celeste de tapa dura, con la leyenda my diary en la portada, que utilicé a lo largo de mi sexto año de vida. Las páginas eran pequeñas y con grandes espacios entre cada línea, lo necesario para escribir en una caligrafía bastante precaria y lápiz rosado, lo más importante que había sucedido a lo largo del día.

A los seis años, los días son largos y las cosas importantes son proporcionales al tamaño de los huesos. El 15 de febrero de 1985 por ejemplo, escribí: “vi el festival de viña”, el 17 del mismo mes: “mi prima se quedó a alojar”. Pero el 25 de ese mes lo más importante que ocurrió fue que “hoy comí lengua”.

Puede sonar un poco excéntrico que a una niña de seis años le den de comer lengua. Pero es importante destacar que era y aún continua siendo, mi plato favorito. Supongo que no está de más decir que la comida en mi casa siempre fue muy diferente en aspecto y sabor a la de las casas de mis amigos. Los mismos que miraban nuestro refrigerador sorprendidos, como si estuvieran en un laboratorio repleto de frascos llenos de elementos desconocidos.

Debo decir que nunca comí algo como arroz con huevo, ni nada que no requiriera de una sigilosa elaboración.  En mi casa, comer funcionaba como una suerte de ritual de comunicación para la familia. Comer con gusto era una manera silenciosa de decir cuanto nos queríamos.

 Ese es el principio de mi relación con la comida. Supongo que por eso desconfío de para quienes la comida no es importante. A quienes les da lo mismo una salchicha o un pescado. Desconfío de los dinners americanos, de la horrible comida inglesa. Para mí, las etapas en que entro a la cocina solamente a hervir agua para una sopa en sobre, es porque las cosas no andan bien. Como si de pronto le hubiesen quitado el sabor a la vida. Por eso cocino. Aunque esté sola. Porque como dice mi padre, comer es una fiesta. Y a mi me encantan las fiestas. 


Carmen García
Acerca del Autor:

CARMEN GARCÍA
Carmen García (Santiago de Chile, 1979) es poeta y socióloga. Fundadora y directora de proyectos de Plagio, ha participado en la organización de diversas actividades culturales, entre las cuales destacan las dos versiones del Ciclo de Poesía Escrita por Mujeres, el concurso de cuentos breves Santiago en 100 Palabras y la publicación de Revista Plagio. El año 2000 recibe la Beca para la Creación Poética Joven de la Fundación Pablo Neruda. El 2003 integra el taller Premio Mustakis/ Biblioteca Nacional, dirigido por la poeta Elvira Hernández. El mismo año, es distinguida con la Beca de Creación Literaria para escritores noveles del Consejo Nacional del Libro y la Lectura para la realización de su libro “La Insistencia”, publicado el 2004 por Libros de la Elipse. Durante el 2004, forma parte de la Comisión Asesora Presidencial para el Centenario de Pablo Neruda. El 2005 es distinguida con una Beca Fulbright para estudios de postgrado en Estados Unidos. Desde agosto de 2006 y por un año reside en Nueva York. El 2007 gana la Beca de Creación Literaria del Consejo del Libro para escritores profesionales para la escritura de su segundo libro.

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Comentarios
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RGP  - ...nogada es mejor que nada   |163.247.43.xxx |2008-11-05 10:34:52
Toda la razón...ese debe ser uno de los mejores platos...
que nunca nos influya
la lógica simplista de la comida fácil! vivan las recetas y las largas horas
tras el meson de cocina!
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