John Ashbery

Traducido por TOMÁS COHEN

Los Bungalows
                (de El Sueño Siamés de Primavera)


Impacientes como nosotros mismos por que todos ellos se nos unieran,
La tierra no se alzaba aún a la vista: gaviotas habían barrido con las torres de gris acero
Por lo tanto era menos provechoso salir en búsqueda, ausente sobre de la tierra trémula
Que permanecer en relación inmediata con estas otras cosas –cajas, artículos de bodega, como sea que quieras llamarlos-
Cuya fijación era el precio de futuras revoluciones, de modo que sabías que esta  batalla era la última.
Y aún la relación creciente, hinchada como un escenario en la brisa.

Son los mismos no cierto que lo son,
El paisaje presumido y el sueño del hogar
Porque hoy día la gente está toda nostálgica o durmiendo desesperada
Intentando recordar cómo estas formas rectangulares
Llegaron a ser tan extrañas y tan cercanas
Para crear una fachada de apacible conocimiento
En donde la juventud había envejecido, salmodiando y cantando himnos sabios
Que firmarán por la vejez
y así levantar el pasado a ser persuadido, y ser colocado en el suelo nuevamente.

La advertencia no es más que una h  aspirada;
El problema está delineado por completo, como los fuegos artificiales montados en postes:
Tez del atardecer, las voces precisas del resto.
Durante clases de la Coca-Cola se hace evidente
Un ruido a la izquierda, y nos habíamos saltado una etapa que
La gran ola del pasado, agravada entre burlas,
Sumergió de igual manera a la idea y al no-soñador
En un falsete de luz estelar como “pureza”
Del diseño que ha sido la primera señal de peligro
Para echar por el W.C. la cuestión pegajosa y molesta –pfui!

¿Cómo se siente estar dentro y fuera al mismo tiempo,
La deliciosa sensación del aire contradiciendo y secretamente apoyando
La tibieza interior?  Pero el terreno cuaja la consternación en que está escrita
Llevando hasta un paroxismo de locura y perdición
La sabiduría de estas generaciones.
Mira lo que le has hecho al paisaje—
El cubo de hielo, la aceituna—
Hay una perfecta coordinación tri-citadina de cosas
Extendiéndose a lo largo del río por ambos lados
Con el izquierdo para pensamientos sobre construcción
Que están siempre volviéndose hacia alpes y umbrales
Por sobre la marea de los otros, alimentando con una rosa sin gloria de musgo europea.

Muy pronto tendremos el placer de registrar
Un período de tergiversación unánime a este respecto
Y para hacer de ese gozo el mayor, vale la pena
A riesgo de una reiteración tediosa, dejar primero en constancia una protesta inapelable:
Un arte algo decadente, genio, inspiración para aferrarse a
Un imposible “calque” de la realidad que
“La nueva escuela de lo trivial elevándose sobre el campo de batalla,
Una cosa de aguas residuales y hojas enmohecidas”, y la vida
Chorreando va a través de los hoyos, como agua a través de un colador,
Toda en una misma dirección.

Tú que andabas sin rumbo y pensaste que todo se solucionaría si encontrabas uno,
¿Qué haces con esto? Sólo porque una cosa es inmortal,
¿Es esa razón suficiente para adorarla? La muerte, después de todo, es inmortal.
Pero te has ido a tus casas y has cerrado las puertas queriendo decir
Que no se discutirá más.
Y el río persigue su curso solitario
Con el cielo y los árboles excluídos del paisaje
Porque lo verde trae la desdicha –le vert porte malheur.
“El llano ausente en la montaña turbia
Precipita las lágrimas del triste como lluvia”.

Todo esto ocurría eternidades atrás.
Tu programa funcionó a la perfección. Incluso evitaste
La monotonía de la perfección dejando entrar ciertas fallas:
Una manera anticuada de comportarse, un forzado apretón de manos,
Una sonrisa distraída, aunque en realidad nada fue dejado al azar.
Cada detalle estaba terriblemente claro, como visto a través de una lupa,
O así le habría parecido a un observador ideal, a saber, tú mismo—
pues sólo tú podrías contemplarte tan pacientemente, desde lejos,
Tal como Dios contempla a un pecador camino a la redención,
Desvanecido de vez en valles, pero siempre en el camino,
Pues todo se concreta en algo, sin sentido o pleno de él
Como arquitectura, por lo planeado y luego abandonado al terminarse,
Para vivir luego, a la luz y sombra, una cierta cantidad de años.
¿A quién le importa lo que antes había ahí? No hay vuelta atrás,
Pues quedarse quieto es la muerte, y la vida es mantenerse en movimiento,
En movimiento hacia la muerte. Pero a veces quedarse quieto también es vida.
 

La Faena
                (de El Sueño Siamés de Primavera)

Se están preparando para volver a empezar:
Problemas, nuevo gallardete en lo alto del mástil
Predicado en amorío.

Por la hora en que el sol comienza a cortar lateralmente a través
Del hemisferio occidental con sus sombras, sus ecos de carnaval,
Los territorios fugitivos se amontonan bajo nombres separados.
Es la blancura que gana a la juerga, y todo hombre debe partir
Allá afuera hacia la noche varada, pues su destino
Es regresar sin provecho de la liviandad
Que evoca el tiempo al pasar. Fue sólo
Castillos de nube, hábil en capturar el pasado
Y poseerlo, a través del daño. Y ahora la vía
Está clara para actuar linealmente hacia ese tiempo
En cuya masa corrosiva descubrió cómo respirar.

Mira nomás la mugre que has dejado,
Observa lo que hiciste.
Pero si éstos son remordimientos agitan sólo levemente
Los niños jugando después de la cena,
Promesa de la almohada y tanto más en la noche venidera.
Planeo quedarme aquí un rato
Pues estos son sólo momentos, momentos de perspicacia,
Y hay alcances por conseguir
Un último nivel de ansiedad que se funde
en el constituírse, como millas bajo los pies del peregrino.

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