El Arte, o la historia sin fin

Por YAEL ROSENBLUT

Cuando imaginamos que el final del arte se acerca más y más. Cuando, con esa rara mezcla de euforia y desasosiego, comenzamos a verificar la reiteración de la reiteración, el juego de las obras de unos en los bordes reconocibles de otras obras del canon, y la copia de la copia, tanto en las temáticas, los soportes y los modos de producción, creemos escuchar su defunción definitiva.



 Cuando imaginamos que el final del arte se acerca más y más. Cuando, con esa rara mezcla de euforia y desasosiego, comenzamos a verificar la reiteración de la reiteración, el juego de las obras de unos en los bordes reconocibles de otras obras del canon, y la copia de la copia, tanto en las temáticas, los soportes y los modos de producción, creemos escuchar su defunción definitiva. Ha ocurrido millones de veces a lo largo de la Historia. Pero resulta que, una y otra vez, este fantasmal y ya indescriptible asunto, siempre haya su manera de huir de la muerte hacia los estados más inesperados, hacia los campos más impensables.  
Cuelgan como ahorcados los lienzos en los muros, pero el espíritu vago e insistente del Arte, tal como si se tratara de un ser con vida propia, emerge allá en lo imprevisible, presentándosenos con un esplendor a la vez viejo y eternamente nuevo. Definitivamente no hay último modo. No existe la meta final para su exploración. Y es así como hemos asistido a su poderoso renacer, por ejemplo, en el Bioarte, ese vértice entre ciencia y arte que hace, a mi juicio, el paisaje más vital de su nuevo rehacerse a sí mismo, allá lejos. Donde nadie lo esperaba.
¿Quién que mezcla óleos y traza sobre un lino habría imaginado la posibilidad de usar como soportes tejidos vivos, amebas, bacterias, células o proteínas, para crear sus obras? ¿Cuándo el más afiebrado de los artistas hubiese imaginado siquiera, hace 40 años, la posibilidad de trabajar realizando modificaciones genéticas, o utilizando como material las células de su propio cuerpo? Ahí están las obras: mensajes guardados en el código de una bacteria, fragmentos del Viejo Testamento estampado en los misterios proteicos del ADN, o cambios en el color de animales conocidos mediante modificaciones de sus códigos genéticos. Un arte que no sólo sobrevive en un territorio nuevo, sino que además logra lo que ya ningún trabajo de Arte estaba logrando: causar intensas y duras polémicas, que son algo así como el combustible de todo verdadero Arte en su dimensión cultural y social, más allá de las miserias del mero coleccionismo o la decoración de interiores.
Eduardo Kac se convirtió en el más importante exponente de esta nueva y controversial tendencia con su obra Génesis, en la que introduce un trozo de la Biblia en la secuencia de ADN de una bacteria que puede ser vista a través de una webcam  (http://genesis.zpk.org/) Kac es seguido, muy de cerca, en potencia conceptual y operativa por la artista portuguesa Marta de Menezes, quien en su obra ¿Nature? modificó genéticamente los trazos y coloridos de las alas de una mariposa. Como vemos, no hay momento final para el Arte. Sólo hay final para los artistas que se han quedado atrapados en códigos sin salida. Empecinados en insistir, una y otra vez, en operaciones que sólo los llevarán a seguir creando  obras tan inertes como la medallística o la estatuaria. Vendrá la física como soporte, las investigaciones cuánticas, la astronomía, la robótica. Más allá de si estemos o no de acuerdo con los nuevos caminos, estas experiencias dejan muy establecido que para el Arte no existe un final posible.  

Yael Rosenblut
Acerca del Autor:

Artista y Curadora Licenciada en Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Entre sus exposiciones de destacan las galerías, Animal (Santiago), HardCore Contemporary Art (Miami), Mac Caig &Welles (Nueva York) y museos e instituciones como Museo de Artes Visuales, MAVI (Santiago), Matucana 100 (Santiago), Varandee Art Center (Bélgica), Caixa Forum (Barcelona) y la V Bienal de MERCOSUR.
Paralelamente ha realizado diversas Curatorias para el Centro Cultural Matucana 100, Galería Ojo de Buey, Galería 13, Galería Animal, entre otros.

www.yaelrosenblut.com
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