El último flaite o el PEJESAPO

Por VIÍCTOR QUEZADA

El Pejesapo, primer largometraje de José Luis Sepúlveda, ha sido presentado durante el mes de diciembre en la cineteca nacional, frente a nuestro ilustre Palacio de La Moneda. Cuestión que más que ser una de esas ironías de la vida, nos sirve de claro ejemplo de aquella reserva del juicio sustentada por la corrección política posmoderna.

 

 Reserva que El pejesapo sabe utilizar. Conciente de la paradoja implícita en el ideal democrático, intenta molestar allí donde más incomoda: desde la presidente de turno (debería hacerlo) hasta el acomodaticio de la última fila del cine chileno. Y la manera de su punzante estrategia es la de abordar problemas como la tolerancia y la diferencia (física, de género, social, étnica, ideológica), tan actuales como incorporados al vocabulario de cada día de los medios de comunicación de masas, para tratarlos sin el decoro de lo políticamente correcto o el espectáculo de las parodias festivas con que los old media siguen tratándolos, pero -y a pesar de que esta ficción se aprovecha de civiles en sus contextos diarios- tampoco involucra un documentalismo que abogue por cierta probidad social; en la cámara, las situaciones menos intervenidas funcionan como una hipérbole que le da vigor a la hiperrealización que se tiene por objeto.

Aquí la esposa de Daniel SS (nuestro adorable protagonista) parece o es realmente una mongólica (tiene una parálisis facial que le impide comunicarse con normalidad), sus amigos son unos pasturris angurrientos, su amante un maricón de circo (Barbarella es su nombre artístico). No hay discapacitados, drogadictos o personas de opción sexual diversa, ¿drag queens? Nada de eso.

Cosa que en términos cinematográficos se corresponde con una suciedad visual que parece perfectamente pensada para ambientar la película, asimismo la luminosidad es precaria: en sus primeros 10 minutos una mosca ronda por el lente hasta detenerse en él y caminar un segundo; el sonido es tan malo que fue necesario subtitularla, aunque estos subtítulos a veces le jueguen en contra, violentando las monstruosas gramáticas que aparecen, volviéndolas así legibles. Cosa aparte es la actuación y el compromiso (bastante arty, como en algún sentido es la película completa) de Héctor Silva, intérprete de Daniel SS, nuestro amadísimo. Sometido a diversas situaciones -por decirlo de algún modo- poco placenteras, es el bastión de todo el recorrido eventual de la película que no utiliza el concepto de historia en términos tradicionales.

El Pejesapo es una película que se hace cargo de discursos marginales, también del trato que obedece a cierto código de lo políticamente correcto; de la diferencia y la tolerancia que -es la idea- ahora produce un sujeto que deja de ser flaite o simplemente marginal para mostrarse como el fin de los márgenes: la realización definitiva del flaite que Caluga o Menta y Johny Cien Pesos prefiguraron en el cine chileno y, también, el propósito inesperado que consigue la discursividad de la diferencia dentro de las nuevas democracias que deben –por continuarse- tolerar lo intolerable.

Este sujeto intolerable que es Daniel SS, se mueve en un Santiago de Chile (el Chile de Ricardo Lagos) socialista y neoliberal, abierto a la igualdad social, étnica, de género, etc., para desenmascarar cada una de estas aristas del amplio rango de aceptación de las minorías.

Pero el episodio de mayor fuerza y en el que -a comienzos de año, cuando vi la película por primera vez- pensé: “coño, estoy viendo una gran película”, es aquel donde Luisa Durán de Lagos aparece avalando políticamente a Recycla S.A: empresa donde nuestro protagonista trabajó por seis meses. Y esto, porque Recycla les otorga la oportunidad de trabajar a los desplazados, ex convictos, homosexuales, violentos, viciosos hombres de este país llamado Chile. La versión oficial del acto muestra al jefe detallándole a la primera dama todas las virtudes de esta empresa comprometida socialmente, además de las virtudes que le caben por su condición de buen hombre. Daniel, en este contexto, es un ejemplo de la redención, de la voluntad y la ayuda magnánima de algunos hombres desinteresados. Luisa Durán llega a decirle: hasta está más buen mozo ahora que está con trabajo. Y la contrapartida de este acto es con Daniel mismo, sentado cómodamente en un sillón, hablándole a la cámara, contando el trasfondo del palabrerío aprendido de su ex empleador. Estuvo trabajando por seis meses y nunca le hicieron contrato, nunca tuvo pudo hacer sus imposiciones, estaba trabajando totalmente fuera de la ley. Lo explotaron.

Ahora acaba de terminar el ciclo de presentaciones que, durante todo diciembre, mantuvo en exhibición El pejesapo allá en La Moneda y hoy está al mando del país una mujer, el signo del curso y la evolución moral e intelectual de nuestro pueblo.

Otra pregunta que me hice al saber, ver y salir de la sala de microfilms de la cineteca nacional, fue: ¿Y alguno allá dentro, en La Moneda, habrá visto la película?


Víctor Quezada
Acerca del Autor:

Víctor Quezada. Antofagasta, 1983. Poeta. Licenciado y magistrando en literatura por la Universidad de Chile. Participa como editor y administrador del blog sobre literatura y crítica literaria LA CALLE PASSY 061. En diciembre de 2004 publica su primer libro de poesía titulado 20. Contribuyó en el 6º número de la revista de poesía española La Estafeta del Viento, número dedicado a la poesía chilena. Ha participado de talleres, encuentros y congresos como el taller de poesía Códices, a cargo del poeta y académico Andrés Morales (2004) y el taller de poesía de la Fundación Pablo Neruda (2007). Participó del primer y segundo encuentros de poetas jóvenes Poquita Fe. Santiago (2004 y 2006). También en el Primer Congreso de Poesía Chilena del Siglo XX. Universidad de Chile. Santiago (2006).
Comentarios
Buscar
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

3.21 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."