La cordillera duerme, el centro baila

 Por PATRICIO URZÚA

Sobre la moral de viaje que se construye por casualidad cada noche, y sobre cómo devuelve habitantes al centro, aunque sea por una noche.


 Miércoles, doce y media de la noche. En Constitución 61, una banda emergente llamada Delta 21 se está subiendo al escenario. En el público hay casi un centenar de personas, que claramente no pertenecen a Bellavista. Pelos, pieles y modales hablan más de esquí y tenis. La gente, aquí, en Plaza Italia, está lejos de su casa.

¿Por qué bajar para escuchar a una banda, hoy ésta, el fin de semana cualquier otra? ¿por qué cruzar medio Santiago para tomar una cerveza y mover la cabeza, escuchar música, bailar, trasnochar una noche de semana? ¿no hay bares, teatros, otros escenarios en, digamos, Vitacura?

Hay que buscar, aquí, la identidad de los barrios de la Plaza Los Dominicos hacia arriba. Están compuestos por sucesiones de casas, cada vez más grandes mientras más se remonta la cordillera, construidas por familias que huyeron del centro. El mismo centro que históricamente, habían habitado las familias de más abolengo. La migración desde el campo a la ciudad, y el establecimiento de cinturones periféricos de pobreza, iniciaron el exilio en los años cincuenta y sesenta. El centro, desertificado, quedó como patrimonio de los negocios, pero no de los negociantes, de la contaminación y de los trabajadores.

Pero también de galerías, escuelas de arte, restoranes de inmigrantes y, sobre todo, de escenarios.

Los barrios de la gente que huyó del centro son sucesiones de casas sin nada entre ellas. Pocos quieren conocer a sus vecinos. El que busque otra cosa que un sueño placentero tiene que desplazarse. Bajar. Huir de la sucesión interminable de casas.

La lista de presentaciones lo confirma de sobra. Erlend Oye y José González en el cine Normandie. Underworld en el Arena Santiago. Taylor Dupree en Industria Cultural, al lado de la Perrera. Shellac en el galpón Víctor Jara, White Stripes y Kraftwerk en el estadio Víctor Jara, igual que Lou Reed. Yo La Tengo y Man or Astroman en la Trova, Charles Aznavour y Bob Dylan de nuevo en el Arena... mientras la cantidad de visitas que nuestro país recibe aumenta, más se nota que los venues, los lugares donde puede presentarse una banda, están de Plaza Italia abajo.

Por eso el regreso al centro. Porque ahí pasan cosas, mientras en el desierto de casas más al oriente sólo se duerme.

Porque conviene poco tocar en otra parte.

31 de octubre, 2004. Los Chemical Brothers suben pasadas las nueve de la noche al escenario en el estadio san Carlos de Apoquindo. Tom Rowlands y Ed Simmons presentan una espectáculo apoyado en visuales de lujo en el que revisan sin tregua un éxito tras otro. Pero cuesta bailar, porque los sub bajos no se escuchan por ninguna parte. Los vecinos podrían reclamar.

Es domingo y todos quieren dormir.


Patricio Urzúa
Acerca del Autor:
PATRICIO URZÚA
Patricio Urzúa es periodista. Ha escrito en La Nación, Vinos y Más, la Zona de Contacto, Paula y Caras. Fue parte del equipo fundador de Bazuca.com, ha escrito para doumentales y series de televisión y actualmente trabaja en Radio Concierto.
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