RESEÑAS: El Ethos del Rock en Todas Partes

Por PATRICIO URZÚA
 Iggy and the Stooges – Raw power
(1977)

No es el primero, pero sí el más extremo de los registros de Iggy Pop: para “search and destroy”, el grupo grabó una sesión con espadachines que querían utilizar en lugar de la percusión. Fue imposible sincronizar el ruido de los estoques al entrechocarse con la música de la banda, pero la intención está ahí. Iggy Pop sin camisa en la tapa, y con unos pantalones de leopardo apretados en la contratapa simboliza ese permanente dedo del medio alzado en contra de todos. Fuerza bruta, ciertamente.

 Karlheinz Stockhausen – Helikopter Quartett
(1999)
Stockhausen
fue quizá el más mediático de una generación de músicos contemporáneos dedicados a explorar las posibilidades de la serialidad y las variaciones en un contexto académico. En los años setenta solía decir cosas como que la música era un regalo de una civilización extraterrestre a los seres humanos. Después del ataque contra las torres gemelas, un periodista le tendió una trampa y luego lo citó fuera de contexto, con una frase en la que Stockhausen habría dicho que los ataques eran una obra de arte. Este es uno de sus trabajos más inquietantes: subió a los miembros de un cuarteto de cuerdas a cuatro helicópteros, y conectó micrófonos a unos sensores que captaban el latido de los cuatro corazones. La partitura original contiene instrucciones sobre la altitud a la que deben volar los helicópteros en cada momento de la pieza.

 John Coltrane – A Love Supreme
(1964)
Quizá algo cansado de los excesos de su propio virtuosismo, y ciertamente alejado de otros músicos precisamente por su talento, Coltrane explora aquí la relación entre el hombre y dios desde el free jazz. Articulado en la forma de una plegaria, A Love Supreme es un esfuerzo titánico que parece buscar la espiritualidad a partir de las formas más mundanas de la creación artística. Ese desgarro que Coltrane busca suturar una y otra vez con cada nota excede con creces los límites de cualquier género.

 AFX – Hangable Auto Bulb
(1995)
Éste fue un punto de inflexión en la carrera de Richard D James, un músico al que le han colgado etiquetas tan absurdas como “Mozart del tecno”, “genio de la electrónica” o “niño terrible”. Aphex Twin había sido, hasta aquí, un precoz explorador del lado más malicioso de la electrónica, pero sus programaciones de ritmos seguían teniendo una estructura más bien rígida. Aquí se lanza de lleno a experimentos con percusión derivados de una relectura extrema de la música de las pistas de baile: el resultado son pistas cautivantes que, en rigor, ya no se pueden bailar. Esta es música de baile para el cerebro.

Patricio Urzúa
Acerca del Autor:
PATRICIO URZÚA
Patricio Urzúa es periodista. Ha escrito en La Nación, Vinos y Más, la Zona de Contacto, Paula y Caras. Fue parte del equipo fundador de Bazuca.com, ha escrito para doumentales y series de televisión y actualmente trabaja en Radio Concierto.
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