All shook up

Por SERGIO FORTUÑO

 
Todo revuelto. Todo confuso. El rock a ratos parece conservador y a ratos encarna la rebeldía que se la ha atribuido por décadas. A veces parece un credo que tiene algo entre canuto y fascista que asusta. Pero sigue habiendo pequeñas revoluciones y cabros chicos que lo convierten en su modo de vida. Tal vez la contradicción ha sido siempre parte de su esencia.  

 

El rock me produce una confusión tremenda. Lo que a veces me parece una música o, más que eso, una cultura contestataria y desestabilizadora, se me revela más tarde como un bien de consumo uniformador, conservador y, como las religiones, centrado en su propio mito, su propia retórica y sus propios mártires.

La incorporación del término rock and roll al uso cotidiano de la lengua inglesa, y casi inmediatamente al resto de los idiomas del mundo, tiene más de cincuenta años. ¿Podemos seguir creyendo en la promesa de cambio de un estilo con medio siglo a cuestas? ¿Es relevante el rock para los jóvenes del 2010?

Cuando pienso en rock, me viene a la mente la imagen más bien patética de un cuarentón con sobrepeso y calvicie incipiente cabeceando una canción de AC/DC o Led Zeppelin. Los riffs, los golpes de batería, los gritos de los cantantes no parecen otra cosa que un talismán medio fulero que promete la recuperación de una juventud que nunca vuelve.

El rock es una promesa de juventud imposible de sostener en el tiempo. Despojado de todo lo accesorio, sus dos mensajes no son más que juventud y sexo, valores que hoy encarna mucho mejor el reggaeton. Mientras este último es puro energía desatada, el rock es más bien un credo, donde el culto a la personalidad y a la figura del rockero como pseudo divinidad tiene algo entre canuto y fascista que asusta.

Para la cultura del rock es importante distinguir y separar qué le pertence. Qué es rock y qué no. Quiénes son los nuestros, los amigos. Quiénes los enemigos. Eso tiene rasgos totalitarios. En el pop, nadie discrimina lo que no es pop, porque a nadie le interesa. Eso tiene rasgos más democráticos.

Pero también observo que hay cabros chicos que siguen poniéndose la guitarra al hombro, que arman tocatas, que hacen de tocar en una banda o seguirla un modo de vida. El rock puede ser como el fútbol, un aglutinador, un canalizador de energía, una forma de ganarle al sistema, una utopía individual más que colectiva.

Hay bandas de rock que están reescribiendo las reglas de la industria discográfica y ocupando la tecnología para crear nuevas formas de relacionarse con sus seguidores. Ese es un cambio cultural inédito en la historia.

Entonces no sé si el rock es algo vigente o apolillado. No sé si permanecerá vivo o quedará convertido en el vals de la segunda mitad del siglo 20 y los albores del 21. No sé si es rebelde o conformista. Tal vez esta ambivalencia sea natural en un género que nació como música negra cantada por blancos, un estilo que tiene entre sus máximos ídolos a un tipo que sirvió en el ejército estadounidense y le estrechó la mano a Richard Nixon; una música que cambió vidas y lanzó utopías con nada más que tres acordes a todo volumen, que hizo ricos a los pobres y felices a los miserables no tiene que crear otra cosa que confusión.


Sergio Fortuño
Acerca del Autor:

SERGIO FORTUÑO
Sergio Fortuño tiene 36 años. Estudió periodismo en la Universidad de Chile. Actualmente, es director de Radio Concierto, donde también ha trabajado como conductor y editor periodístico. Ha trabajado y colaborado en diversos medios escritos y audiovisuales, como el canal Rock & Pop, la productora Nueva Imagen, El Mercurio, La Tercera, revista Rock & Pop, revista Billboard (EE. UU.), revista Fibra, Qué Pasa, Rolling Stone y revista Blank, entre otros. 

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Comentarios
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alberto valdes  - ...?   |200.83.206.xxx |2008-06-27 06:47:48
Sergio:
Tengo 52 años, quizás unos cinco kilos de más, no estoy pelado pero sí
canoso, y aún escucho con pasión adolescente mis discos de led zeppelin.
¿Debiera avergonzarme?¿Debiera avergonzarte que haya gente mayor a ti que
escucha a plant y page? Para nada, todo el mundo sabe que son cuatro de los
mejores discos de la historia de eso que te confunde tanto: el rock.
Hacia el
final de tu columna dices que no sabes nada. Piensa en eso. En por qué tanta
sospecha contra una de las vertientes más honestas de nuestra época. Como dijo
alguien por ahí, la edad no es cosa de números, sino de alma.
Te haría bien
escuchar Inmigrant Song,

atte.,
alberto
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