Y el rock, ¿qué es?

Por PATRICIO URZÚA

Algún purista dirá que es un ritmo a 4/4, hijo de algo que en los años 50 se llamaba rhythm and blues. La verdad es que es un poco menos y también mucho más que eso.

Datos sobran. Elvis fue el rey de esto. Jerry Lee Lewis fue el demonio. Chuck Berry era el loco simpático. Claramente no es un asunto de fronteras. La música se acomoda mal a las casillas que alguien inventa desde fuera.

A ese árbol genealógico habría que agregar a mucha otra gente. A Hendrix, The Who o los Sex Pistols, para empezar. Pero también a Dylan, Mauricio Redolés, Álvaro Peña, Johnny Cash y Violeta Parra... ¿hay algo más punk que la música de Violeta Parra? El rock no es un asunto de aburridas enciclopedias o colecciones de discos. Tampoco de biografías excesivamente detalladas. El rock es, en el mejor de los casos, un tipo de energía que se consume cruda, en la forma de una presentación en vivo, y, en el peor, una maquinaria industrial destinada a exprimir cabezas y bolsillos.

El rock tiene orígenes políticamente incorrectos. Es música de negros. Por extensión, es música de descastados, de desplazados, de gente que vive en los bordes de lo que en cada momento ha sido considerado la conducta adecuada. En los 70s, a los Ramones los habrían echado a patadas de algún bar que no fuera el CBGB’s. Jamás habrían subido a un desfile de modas.

El rock va un paso por delante de todos. Luego, llega un publicista que convierte las actitudes rupturistas en poses de fotos, y los catálogos de moda comienzan a nutrirse de cosas que pasaron en recitales o fiestas hace cinco años, o hace dos semanas.

El rock es el sucedáneo actual de las ideologías. Siempre parece caldo de cultivo para la próxima revolución. Siempre parece que desde la música va a salir algo que va a cambiar para siempre la cara del mundo. Si hasta en la biblia son unas trompetas las que botan las murallas de Jericó. Claro que el cambio nunca ocurre. Por eso, cada generación tiene su banda sonora, por eso tienen el derecho y el deber de despreciar lo que escuchan sus papás y sus hermanos menores.

El rock vive tanto de música como de slogans. Frases de rebeldía juvenil, fáciles y atractivas, que hoy se producen de manera rutinaria, pero que en algún momento parecieron tener la potencia necesaria para destruir el planeta. Caras bonitas, ropa distinta, actitud de superhéroe renegado.

El rock muere en manos de alguien con intenciones de interpretarlo. El periodismo musical puede recopilar datos, atisbar lecturas, discutir posibilidades, estimar la calidad. Pero nada de esto tiene que ver, en rigor, con lo que ocurre entre un músico y su instrumento, o entre el mismo músico y el resto de su banda. El rock no es algo para ser explicado, ni aclarado en términos de un manual. Pedirle explicaciones al periodismo musical sobre qué es el rock es como pedirle a un policía que describa en palabras poéticas la experiencia de ser arrestado. Está del lado equivocado de la línea y no tiene los medios para hacerlo.

El rock es una especie de relato. Mi propia adolescencia puede trazarse como un dibujo de “una la línea punteada”, entre una canción y otra. Por eso mismo, lo mejor que puede ofrecer el periodismo musical es un relato subsidiario, dependiente de la experiencia original. Esto, en términos periodísticos, no está tan lejos de la crónica roja o de las descripciones que alguien puede hacer sobre una pintura a alguien que nunca ha tenido el sentido de la vista.


Patricio Urzúa
Acerca del Autor:
PATRICIO URZÚA
Patricio Urzúa es periodista. Ha escrito en La Nación, Vinos y Más, la Zona de Contacto, Paula y Caras. Fue parte del equipo fundador de Bazuca.com, ha escrito para doumentales y series de televisión y actualmente trabaja en Radio Concierto.
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Comentarios
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Daniel  - Te dije que me dolió el estómago?   |87.221.106.xxx |2008-07-20 04:59:30
Breve.
La reflexión final me parece adecuada, sin embargo, estar al otro lado
de la línea puede tener alguna ventaja -y eso que odio en general a un subgrupo
social llamado periodismo, con excepciones-. En fin. Esa es la parte buena.
La
otra es que creo que te quedaste atrás con el análisis cultural del asunto, por
allá por los 90 -finales-. Hoy hay otras formas de que el rock, o lo que sea
que escuchamos hoy, se tranforme en arma de algo, pero ya no de la misma manera
que en el periódo cretácico, jurasico, rock clásico, PUNK o Grunge -incluso que
el término gracioso de post para llamerle al rock o al punk. Je.-; sino alejado
de las frases cliché y de una lucha de palabras directas, sin dejarlas de
lado.
Hoy todo es un poco más inteligente, creo, si es buena música, no sólo
rock.

P.D.: Echa una ojeada al venezolano que conduce orquestas, se parece y
toca cómo Slash
Dario Ramirez  - Grande Icano   |190.47.102.xxx |2008-07-05 22:33:02
Compadre,

bueno ver que ha seguido su corazón en el trabajo diario. A veces
recuerdo imágenes del pasado y aparece un humano contestatario enclaustrado en
un círculo que no lo dejaba extender las alas y me alegro de que el pollo haya
salido del cascarón.

A ver si nos coordinamos y sincronizamos para seguir
buscándole la quinta pata al gato tratando de conciliar quiénes éramos y quiénes
terminamos siendo.

Saludos Lastarrino! Te esperamos en Facebook.

Darí
Ramírez AKA Don Dao
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