Poemas de René Char

Por FRANCISCO FALCATO

René Char nació el año 1907 en Isle-sur-Sorgue, Francia. Pertenece a la generación surrealista de 1929, que coincide con la crisis tras la cual se provoca la salida de importantes poetas como Antonin Artaud y Robert Desnos.
 

En 1934, debido a su afán de perfección formal, se alejó del movimiento surrealista. Durante la ocupación nazi de Francia se destacó como capitán de la resistencia, allí aprendió "a amar ferozmente a sus semejantes". De esta experiencia en la lucha clandestina surgió su gran obra poética "Páginas de Hypnos". Su fama y la unánime aprobación crítica de su obra lo convierten en uno de los más grandes poetas de Francia. Falleció en 1988.

 

RECEPCION DE ORION


¿Abejas pardas, a quién buscan
en la lavanda que despierta?
Su rey y servidor pasa.
Está ciego y se esparce.
Es el cazador que huye
de las flores que lo persiguen.
Tiende su arco y brillan todas bestias.
La noche es alta; flechas, arriesguen su suerte.

Un meteoro toma la tierra por miel.



 
LA DOTE DE UNA MUCHACHA
 
Un manojo de tomillo en diciembre, una uña de salvia después de la nieve, la centaura para cuando ame, un peldaño de albahaca, la centinodia de los caminos frente a su cuarto nupcial.

Que el cielo, cuando salga, le entregue su viento ligero.
 


 
LA RANITA

La ranita se confía a la cesta que la jala. La rama húmeda retira su hoja. ¡La corteza y las hojas nuevas cuidan un vientre heráldico! La cocción de la guadaña en llamas será para el bajo mundo de las hierbas mordidas.

La aberración ocupa todo el cielo: allá arriba, el divino agavanzo* azota a muerte sus estrellas.
 
*El agavanzo es un rosal salvaje, un lugar rodeado de zarzas.



 
RODIN

Durante mucho tiempo acompañé a esos hombres. Iban delante de mí o tropezaban, murmurantes, a merced de un torbellino que los mantenía a su alcance. No estaban apurados para llegar al puerto y al mar, a entregarse al capricho desmesurado del enemigo. Hoy la lira de seis cuerdas de la desesperación que esos hombres formaban, se puso a cantar en el jardín cubierto de bruma. Acaso Eustaquio, el servicial, el quimérico, haya entrevisto su verdadero destino calculado no en instantes de terror, sino en un aliento lejano dentro de un cuerpo constante.
 
Mientras la cosecha terminaba de grabarse sobre el cobre del sol, una alondra cantaba en la rajadura del gran viento su juventud agonizante. El alba del otoño, adornada por espejos destrozados por disparos, dentro de tres meses, resonaría.


 
MUTILADORES

 
La verdad necesita dos orillas: una para nuestra ida, la otra para el regreso. Camino que se beben sus neblinas. Que conservan intactas nuestras risas dichosas. Aunque rotas, que éstas salven una vez más a nuestros discípulos, los navegantes de las aguas heladas.
 
Hubiera bastado un nombre luminoso para prolongar y levantar indefinidamente nuestros dedos sobre la extensión y sobre las cosas. La piedra miliar donde la fuente se desvivía junto a los juncos aprovechables, está ahora mutilada. Rodeamos de cuidados al tiempo con sus riñones rotos, en algún lugar nuestro.


Comentarios
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klasiko  - al parecer   |216.72.179.xxx |2008-08-05 13:39:27
al parecer me gusto el poema "recepcion de orion"
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