La terrible belleza

Por PATRICIO URZÚA

Lo bello, tal como el amor, es un asunto difícil de tratar. Al describir lo bello, es fácil caer en el lugar común, o producir algo rosado, de tonos disney, o demasiado anclado en los detalles peculiares, que nunca le hace justicia al objeto.

 Octubre de 2006. Patti Smith comienza un concierto en Buenos Aires, en la hora del crepúsculo. Mientras la señora, ya entrada en las seis décadas, abre lento una presentación que terminará en llamas gracias a “Gloria”, una bandada de pájaros blancos sale volando cuando ella afina la guitarra acústica. Es imposible que esté ensayado: los pájaros están a cientos de metros y parecen silvestres. Pero todo parece parte de un cuadro mayor. Patti Smith, la guitarra, los pájaros, las nubes de la última hora del día, el poncho blanco que lleva y que saldrá volando cuando el calor de la presentación lo amerite, para revelar una polera desgarbada, que le queda jetona y que también es bonita.

Lo bello requiere la apariencia de lo espontáneo. La premeditación, el arreglo evidente, le dan a la cosa algo de teatro, de farsa, que parece desmentir la belleza.

2004. Pablo Mellado propone la intervención electrónica de un piano que acompaña con sonidos producidos por su computador y una serie de sintetizadores, en la Sala Master. Es domingo en la tarde. Sobre una mesa hay una copa de cristal. Adentro de la copa hay un micrófono. Pequeños golpes en la copa producen frágiles sonidos que se unen al piano y las máquinas. La pieza parece tenue, pero tiene cálculo detrás, y se va deshilando como un velo de sonido.

Lo bello es sencillo. Lo que hoy es bello antaño hubiera parecido descuidado. Lo que antes era bello, hoy nos parece recargado.

1790. William Blake, alegremente fatigado por los versos y las ilustraciones, esboza un personaje en papel, con carboncillo. Antes de terminar el dibujo, escribe una frase al pie del papel. No es difícil imaginárselo haciendo un alto, mirando lo que ha hecho, y pensando si seguir dibujando. Lo que escribió fue “Si un hombre que ha hecho un dibujo sigue y sigue trabajando, producirá una pintura. Pero si elige abandonarlo antes de haberlo arruinado, habrá hecho algo aun mejor”. El extraño embrujo que ejercen los dibujos a medio acabar es patente en los cuadernos de Leonardo, o en los estudios anatómicos de Miguel Ángel.

Lo bello a menudo se experimenta de manera efímera. Tiende a desaparecer casi antes de que podamos percibirlo.

Pero las definiciones parecen salir sobrando. Lo que es bello se manifiesta ante el ojo de un espectador y parece contener su propio relato, describirse a sí mismo. Lo que permite retrucar con la pregunta de si lo bello existe fuera del ojo del espectador, o si lo feo depende de un contexto, o si un hombre enamorado es capaz de describir algo de manera confiable. Esas son preguntas que, al lado de la sencilla contemplación de algo bello (un insecto encerrado en ámbar, la nieve sobre un farol, una flor dibujada por un niño), parecen asuntos ociosos que no caben en esta columna.


Patricio Urzúa
Acerca del Autor:
PATRICIO URZÚA
Patricio Urzúa es periodista. Ha escrito en La Nación, Vinos y Más, la Zona de Contacto, Paula y Caras. Fue parte del equipo fundador de Bazuca.com, ha escrito para doumentales y series de televisión y actualmente trabaja en Radio Concierto.
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